En busca de la santidad

Papa Francisco: Hay que tener en cuenta que la santidad no es algo que nos proporcionamos a nosotros mismos, que obtenemos con nuestras cualidades y nuestras habilidades. La santidad es un don, es el regalo que nos hace el Señor Jesús, cuando nos lleva con Él, nos cubre de Él y nos hace como Él... La santidad es el rostro más bello de la Iglesia: es descubrirse en comunión con Dios, en la plenitud de su vida y su amor... no es la prerrogativa de unos pocos: la santidad es un don que se ofrece a todos, sin excepción, por eso es el carácter distintivo de cada cristiano.

jueves, 11 de junio de 2009

Carta abierta al P. Pagola

Reverendo P. Pagóla:

Hace ya algunos años que comencé a gatear por la aventura cristiana. El centro de mi vida cristiana empezó a brotar del asombro de que todo un Dios creador se hace hombre para salvarme, para transformar mi corazón, mis actitudes, mis comportamientos, mis criterios. Jesucristo es Dios que me llama, me visita y da sentido a mi vida.

Por eso cuando supe de su libro pensé que me ayudaría a conocer más a Jesús. Estas expectativas se fueron incrementando al leer el prólogo. Pensé que sería una oportunidad para conocer a Jesús y adentrarme en el encuentro con Él. Un instrumento más para saborear la presencia del Señor. Me encanta la frase de San Juan de la Cruz cuando define la la oración como la ?advertencia amorosa del Dios presente?. Para mí al conocimiento de Jesucristo se llega a través de las nociones que nos dan de Él, a través del estudio sobre Él (por eso me interesó su libro), pero sobre todo se llega a través del trato con Él.

Con esa esperanza me adentré en su libro y pronto me vi envuelto en datos históricos (que ya conocía un poco), pero no encontré a mi Cristo con el que puedo entablar una relación de amistad. Sólo un hombre al que se le puede admirar, pero no rezar. Aquí empezó mi desconcierto y también mi tristeza. ¿Por qué no hablar de la faceta fundamental de Jesús?, ¿estaré confundido?, ¿está la Iglesia confundida?, ¿se habrá confundido durante tanto años?, ¿Será Jesús un individuo excepcional que desapareció hace muchos años asesinado por un compromiso social y que dejó un mensaje ético fabuloso?, ¿Será la religión una ética que no necesita de la fe, del ?invento? de la presencia real de Jesucristo?, ¿Habré alimentado una experiencia de Dios en Jesucristo, sin que la persona de Jesucristo no esté ya entre nosotros?.

Abramos puertas para que todas las personas podamos encontrarnos con Jesucristo, Dios presente entre nosotros. Presente en la Eucaristía en la que se ofrece en cuerpo, alma y divinidad para alimentarnos. Presente en la Palabra proclamada (Jesús y su Mensaje son inseparables). Presente en cualquier persona necesitada. La transformación de la sociedad (como la de nuestro corazón) será posible si creemos realmente en la presencia verdadera y actual de Jesucristo; que es Él quien salva al mundo, que el Reino de Dios es Él mismo. Ojalá que algún día podamos decir como san Pablo: ?ya no soy yo, sino Cristo quien vive en mí?. Pero somos demasiado orgullosos y soberbios. En el fondo creemos que somos nosotros con nuestras cualidades y conocimientos.

Por otra parte he visto con mucha tristeza y preocupación como está repercutiendo su libro en algunos cristianos, sinceros seguidores de Jesucristo. Estoy convencido que no es su intención, porque también creo en usted y en su búsqueda sincera de Jesucristo; pero las conversaciones que se escuchan no son un incremento en el deseo de conocer más a Jesús, sino una feroz crítica a la Iglesia, un ataque que roza la ira y el odio. No sé si también estaré confundido en esto, pero para mí odiar a la Iglesia es también odiar a Jesucristo. De todas formas sea quien sea el destinatario, no creo que sea bueno alimentar odio hacia nadie. Amar a Jesucristo es amar a la Iglesia y amar a la Iglesia es amar también a la Jerarquía. Afortunadamente la jerarquía me está sirviendo de orientación en medio de esta tiniebla. Me duele porque ha sido motivo de desunión de cristianos que nos vemos todos los días, que compartimos inquietudes y fe, que actuamos juntos. Me duele la falta de unidad, me duelen los enfrentamientos por esta o esa teoría. Y, mientras tanto, todos salimos perjudicados en lo fundamental, en el encuentro real con Jesucristo. Pidamos a Jesucristo que ponga luz, cordura y sensatez en este tipo de conflictos. Si dejamos que sea Él el centro y timonel de este barco, la tempestad se calmará y Él nos llenará de espíritu evangélico. ¿Es que no nos podemos poner de acuerdo en las cuatro cosas básicas?. Dios existe y me ama.

Ojalá le dejemos actuar en nosotros, para que sus actitudes, sus criterios, su forma de actuar y de vivir, su misericordia, estén presentes donde nosotros estemos. No somos protagonistas, somos portadores (si le dejamos a Él actuar en nosotros) de Jesucristo.

Por favor siga caminando con nosotros y déjenos caminar con usted, que las diferencias no nos separen pues nos une el amor a Jesucristo. Ayúdenos a conocer en profundidad a Jesucristo, a tratarle, a amarle, a seguirle, y a mostrarlo a los demás.

En esta desolación y desorientación cayó de nuevo en mis manos un librito pequeño: ?Sabiduría de un pobre? de Eloy Lcrerc. Lo he vuelto a leer y me ha venido de maravilla. Éste sí que me ha hecho bien. Me ha ayudado a restablecer mi sencilla y humilde experiencia de Dios por medio de Jesucristo.

Que la Virgen María, Reina de las Familias, nos indique el camino para hacer lo que Él nos diga.

Antonio M. Sánchez Sánchez
Cádiz

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