En busca de la santidad

Papa Francisco: Hay que tener en cuenta que la santidad no es algo que nos proporcionamos a nosotros mismos, que obtenemos con nuestras cualidades y nuestras habilidades. La santidad es un don, es el regalo que nos hace el Señor Jesús, cuando nos lleva con Él, nos cubre de Él y nos hace como Él... La santidad es el rostro más bello de la Iglesia: es descubrirse en comunión con Dios, en la plenitud de su vida y su amor... no es la prerrogativa de unos pocos: la santidad es un don que se ofrece a todos, sin excepción, por eso es el carácter distintivo de cada cristiano.

martes, 19 de abril de 2011

Si un niño ve rezar a sus padres, él también rezará

Don Benigno Blanco proclamó el Pregón de Semana Santa en la archidiócesis de Madrid


«Si un niño ve rezar a sus padres, él también rezará»


Don Benigno Blanco, Presidente del Foro Español de la Familia, fue el encargado de pronunciar el tradicional Pregón de Semana Santa en la archidiócesis de Madrid, el pasado viernes. Blanco apuntó a la responsabilidad que tienen las familias católicas de transmitir la fe a sus hijos, en una intervención de la que ofrecemos un fragmento:


En la familia podemos transmitir con mucha naturalidad el amor al Señor. ¿Cómo aprende un niño a tratar a Dios? Si ve a sus padres tratarlo. ¿Cómo un niño admite en su intimidad, como un amigo, al Señor? Si ve que forma parte de la intimidad y de la amistad personal de sus padres. Si ve a sus padres rezar, él también rezará; si ve a sus padres cuidar la Santa Misa, la cuidará; si ve a sus padres adorar al Señor en la Eucaristía, lo adorará; si ve a sus padres acercarse al sacramento de la Confesión, él también querrá acercarse.


En realidad, educar no es difícil, a pesar de las apariencias de una sociedad conflictiva como la nuestra. Educar es una cuestión de amor. Cuando alguien quiere a otra persona, desea transmitirle lo mejor que lleva en el corazón. Y si lo quiere, lo logra, siempre que haya coherencia entre lo que se muestra con nuestro actuar y lo que se dice con nuestras palabras. Los niños aprenden de sus padres mucho antes de que los padres sean conscientes, porque desde pequeñitos ven, captan el ambiente, sienten qué alegra y qué entristece, dónde hay paz y dónde no… Según van creciendo, hay que aprender a darles razón de eso que han visto y que han aprendido casi por ósmosis. Educar es fácil, si somos coherentes. Si nuestros niños ven en nosotros cosas que merecen la pena, y somos capaces, con nuestra palabra, de darles razón de eso que han vivido, los chicos se educan. Y, normalmente -aunque la libertad humana siempre es una aventura-, cuando se siembran ideales nobles, afectos rectos e ilusiones serias en el corazón de los niños, estos fructifican.


Responsables de transmitir la fe
Probablemente, todos nuestros hijos, como a nosotros nos ha pasado, vivirán épocas turbulentas y cometerán errores, pero, al final, lo que se siembra desde joven, lo que arraiga en el corazón desde muy pequeñitos, acaba aflorando, antes o después. Por tanto, hoy, la familia tiene que ser absolutamente responsable para transmitir la fe. Quizá el gran problema de nuestra época, lo que más singulariza nuestro momento cultural respecto a cualquier otro anterior en la Historia, es que una gran parte de nuestros contemporáneos está desarraigada de nuestra cultura. Estamos en un momento histórico en que muchos de nuestros contemporáneos no han recibido las aguas fecundas de lo que ha caracterizado la civilización occidental: la confianza en la razón, que hemos heredado de Grecia; el sentido de la Justicia natural que nos enseñaron los romanos; y la bendición de la fe. Por eso, gran parte de nuestros contemporáneos, aunque quieren ser buenos, no saben cómo serlo, porque nadie les ha enseñado a distinguir lo bueno de lo malo; y muchos tienen ideales nobles en su corazón, pero no saben cómo materializarlos, porque nunca nadie les ha hablado de verdad de Jesús.


La gran crisis de nuestra época es que muchos de nuestros coetáneos no se aclaran sobre en qué consiste ser un ser humano, y no tienen un proyecto de persona. Y quienes sí tenemos un proyecto de persona, no por ser más listos o más buenos, sino porque hemos tenido la suerte de que se nos transmita en nuestra familia y en nuestra Iglesia, tenemos la especial obligación de hacer llegar a las nuevas generaciones ese conocimiento, esa seguridad, ese arraigo que les permitirá estar firmes en la fe, y les posibilitará ser buenas personas.
La familia, educadora, transmisora de la fe, tiene un papel, hoy como siempre, absolutamente irrenunciable. Y para ejercer ese papel, los padres tenemos la obligación de formarnos muy bien. Vivimos en una sociedad muy pluralista; nuestros hijos van a recibir influencias muy variadas, no siempre buenas, y tenemos que estar en condiciones de darles una razón razonada de nuestras convicciones y nuestro estilo de vida, para que sepan defenderlo si entran en conflicto con el pluralismo moral.


Una labor para la JMJ
Como le ocurrió al adolescente apóstol san Juan en la boda de Caná, el contacto con María hace que se tenga fe en el Señor. La amistad con María, el trato con ella, ayuda a tener fe en el Señor, y por eso, en esa formación que debemos transmitir a nuestros hijos en la familia, un componente esencial tiene que ser que se encariñen con la Virgen María. Eso dará seguridad y reforzará siempre su fe en Dios, en Jesús.
Tenemos que animar a los jóvenes que vengan a la JMJ a que logren esa intimidad con el Señor. No basta con asistir a actos; no basta con la satisfacción subjetiva de los movimientos con mucha gente: hay que lograr el trato personal con el Señor, y nosotros tenemos que animarles a acercarse al corazón de Jesús como se acercó Juan, porque eso es lo que les hará firmes en la fe, eso es lo que les arraigará en Él.

http://www.alfayomega.es/Revista/2011/733/08_testimonio.php

LEVANTÁ POR LA VIDA (SEVILLA) minuto 5

martes, 12 de abril de 2011

LA INICIACIÓN CRISTIANA 2ª parte: LA EUCARISTÍA



La Eucaristía es central en la iniciación cristiana, como es básica en cualquier tipo de evangelización y fundamental en la aventura cristiana de seguimiento de Jesucristo en Su Iglesia. Toda iniciación cristiana debe tener como finalidad la experiencia de la Eucaristía, Sacramento de la Presencia real de Jesucristo.

Déjame que te diga y reconocerás conmigo que se dice y se han dicho algunas cosas erróneas sobre la Misa. Habrás oído decir que “no hace falta ir a Misa para ser bueno” o que “el Señor nos podrá decir que mucho ir a Misa, mucho golpe de pecho, pero no ayudaste al pobre”, “que si fulanito de tal oye Misa diaria pero luego es un tal y un cual”. Tantas veces y durante tantos años hemos oído decir estas cosas que hemos podido llegar a la conclusión de que realmente la Misa no me aporta nada especial, porque soy yo con mis actitudes, cualidades y valores el que puede llegar a ser bueno, incluso cristiano. Y hemos podido olvidar lo fundamental que es Dios es que me puede transformar en lo que Él quiera, como Él quiera y cuando Él quiera; incluso en buena persona.

Que no te confundan ni desorienten, es la acción de Dios la que te transforma y especialmente a través de los Sacramentos. Por lo tanto la Misa (independientemente del celebrante, de si es más o menos entretenida) es un lugar privilegiado para recibir la Gracia de Dios, porque Él así lo ha querido. Por eso viviendo la Misa, la Gracia de Dios nos hará mejores, la Gracia de Dios te hará -por ejemplo- sensible y activo en la ayuda a los necesitados porque reconocerás a Dios en ellos. Por eso no podemos prescindir de la Misa, porque es un regalazo de Dios. Es el acontecimiento más importante que ocurre cada día en el mundo: Dios se hace presente.

Díselo así a tus catecúmenos, hijos o alumnos. Cuéntales bien claro que lo que van a vivir en la Misa es un acontecimiento único, sobrenatural en medio del mundo. Explícales, por ejemplo, porque nos ponemos en pié y cantamos con alegría cuando entra el sacerdote. Cuéntales por qué y para qué se proclama la Palabra de Dios, por qué y para qué nos arrodillamos en el momento de la consagración. Verán y verás que el centro de la celebración no es lo que nosotros hacemos, sino lo que Dios hace en nosotros. Él se hace presente con su Palabra, su mensaje, su enseñanza. Se hace presente misteriosamente en forma de pan y vino.

Este acontecimiento es tan grande que nos tiene que llenar de alegría, por lo que la Misa no puede ser triste ni pasiva. La Misa es un acontecimiento alegre y activo.

Nosotros vamos a Misa a recibir la Gracia de Dios y llevamos lo que somos, ofrecemos lo que hacemos y lo compartimos con los demás hermanos. Nos llenamos de Su Gracia para al final poder ir en paz y alabar a Dios también con nuestra vida durante la semana que comienza. Prolongando la Misa con nuestra vida en el quehacer diario para que seamos testimonios vivos y alegres de la Presencia amorosa de Dios en el mundo.

Si comprendemos lo que estamos viviendo en la Misa, entonces estaremos alegres y cantaremos, y participaremos activamente, llenado de alegría la celebración. Porque, ¿sabes una cosa?, participar en la Misa no es tener “tu minuto de gloria” haciendo la lectura o las peticiones. No, participar en la Misa es en primer lugar ser consciente en cada momento de qué estás viviendo.

Si comprendemos lo que estamos experimentando diremos a todos y cada uno que no dejen jamás de ir a Misa, que no dejen jamás de “respirar”, porque es la fuente de nuestra felicidad, la raíz de nuestra aventura y el culmen de toda iniciación cristiana.

Por eso es normal que terminemos alegres y entusiasmados, cantando a la Virgen porque ella nos enseña que la misión y la evangelización nacen de unos corazones enamorados de Jesucristo y de su Evangelio, y del deseo de llevarlo a los demás.


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Antonio Manuel Sánchez Sánchez


Cádiz, 12 de abril de 2011

jueves, 7 de abril de 2011

JMJ Madrid 2011: ¡Inscripciones ya disponibles!

¡Ya están aquí! Desde el día de hoy ya puedes hacer efectiva tu inscripción con la Diócesis en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011. Del 16 al 21 de agosto nos espera una gran fiesta de Fe. Seis días para encontrar, conocer, compartir, vivir y disfrutar junto con otros dos millones de jóvenes venidos de todas partes del mundo. Seis días que te sabrán a poco. La Diócesis ofrece un pack completo de inscripción que incluye transporte de ida y vuelta a Madrid, acreditación, alojamiento, comidas, participación en las actividades, visitas a museos, acceso al festival de la juventud, seguro de accidentes y mochila del peregrino, además de una cuota colaborativa para los jóvenes de países con menos recursos, entre otras muchas sorpresas. Las inscripciones estarán disponibles hasta agotar las limitadas plazas existentes. ¡No esperes más! INSCRÍBETE.

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FIRMES EN LA FE (Himno oficial JMJ Madrid 2011)

UN SEGLAR DESCUBRE LA ORACIÓN (Abelardo de Armas Añón)

Abelardo de Armas. Un seglar descubre la oración from Cruzados de Santa María on Vimeo.

Fuente: http://abelardodearmas.blogspot.com/