En busca de la santidad

Papa Francisco: Hay que tener en cuenta que la santidad no es algo que nos proporcionamos a nosotros mismos, que obtenemos con nuestras cualidades y nuestras habilidades. La santidad es un don, es el regalo que nos hace el Señor Jesús, cuando nos lleva con Él, nos cubre de Él y nos hace como Él... La santidad es el rostro más bello de la Iglesia: es descubrirse en comunión con Dios, en la plenitud de su vida y su amor... no es la prerrogativa de unos pocos: la santidad es un don que se ofrece a todos, sin excepción, por eso es el carácter distintivo de cada cristiano.

lunes, 7 de octubre de 2013

Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo

Sugerencias para vivir bien la 52ª Semana del Año de la Fe: 7-13 octubre 2013


Porta Fidei

Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en el camino de la vida. Sostenidos por la fe, miramos con esperanza a nuestro compromiso en el mundo, aguardando "unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia" (2 P 3, 13; cf. Ap 21, 1).
El cristiano de fe es también una persona de esperanza. La esperanza es una virtud teologal, porque está orientada directamente a Dios. Es la que nos permite poner toda nuestra confianza en las promesas de Dios. Esperamos "un cielo nuevo y una tierra nueva". Y lo esperamos porque creemos. Por lo tanto, también fe y esperanza están íntimamente unidas. En efecto, no seríamos capaces de esperar si no dieramos fe a la revelación del Señor.

Lectura

Decreto "Perfectae Caritatis", sobre la adecuada renovación de la vida religiosa, del Concilio Vaticano II.

La fe de los santos

San Justino, al final de un largo camino filosófico de búsqueda de la verdad, llegó a la fe cristiana y murió mártir por defenderla. Aquí puedes leer la catequesis de Benedicto XVI sobre él.

Jaculatoria

"Sí, Señor; yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, que ha venido a este mundo". (Jn. 11, 27)

Petición

Por los ancianos, para que vivan esta etapa de la vida con fe, con paz y con alegría, en la proximidad del encuentro con el Señor.

Propósito

La Beata Mariana Cope de Molokai, religiosa alemana, es un ejemplo de generosidad sin reservas. Los reyes de Hawai hicieron una petición urgente de ayuda para los leprosos desterrados en la isla de Molokai. Más de 50 comunidades religiosas habían dicho ya que no. Ella, que era la provincial de su orden, respondió: "No tengo miedo a la enfermedad. Para mí será la alegría más grande servir a los leprosos desterrados..." Y en ese servicio murió después de 30 años. Sus hermanas dijeron que el lema de su vida había sido "Sólo por Dios". El propósito para esta semana será vivir esta actitud de generosidad sin medir las consecuencias, movidos "sólo por Dios".

Para meditar

Te proponemos algunos textos que pueden ayudarte a meditar sobre la fe esta semana.
Antiguo Testamento: Ez. 37, 1-14 "Os infundiré mi espíritu y viviréis"
Salmos: Sal 105 [104] “Buscad al Señor y su poder, buscad siempre su rostro”
Evangelio: Mt. 13, 1-23 Parábola del sembrador
Epístolas: Ef. 6, 10-20 "Embrazad el escudo de la fe"
Catecismo de la Iglesia Católica: 
Párrafos 2517-2519
2517 El corazón es la sede de la personalidad moral: "de dentro del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones" (Mt 15, 19). La lucha contra la concupiscencia de la carne pasa por la purificación del corazón:
"Mantente en la simplicidad y en la inocencia, y serás como los niños pequeños que ignoran la perversidad que destruye la vida de los hombres" (Hermas, Pastor 27, 1 [mandatum 2, 1]).
2518 La sexta bienaventuranza proclama: "Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios" (Mt 5,8). Los "corazones limpios" designan a los que han ajustado su inteligencia y su voluntad a las exigencias de la santidad de Dios, principalmente en tres dominios: la caridad (cf 1 Tm 4, 3-9; 2 Tm 2 ,22), la castidad o rectitud sexual (cf 1 Ts 4, 7; Col 3, 5; Ef 4, 19), el amor de la verdad y la ortodoxia de la fe (cf Tt 1, 15; 1 Tm 3-4; 2 Tm 2, 23-26). Existe un vínculo entre la pureza del corazón, la del cuerpo y la de la fe:
Los fieles deben creer los artículos del Símbolo "para que, creyendo, obedezcan a Dios; obedeciéndole, vivan bien; viviendo bien, purifiquen su corazón; y purificando su corazón, comprendan lo que creen" (San Agustín, De fide et Symbolo, 10, 25).
2519 A los "limpios de corazón" se les promete que verán a Dios cara a cara y que serán semejantes a Él (cf 1 Co 13, 12, 1 Jn 3, 2). La pureza de corazón es el preámbulo de la visión. Ya desde ahora esta pureza nos concede ver según Dios, recibir al otro como un "prójimo"; nos permite considerar el cuerpo humano, el nuestro y el del prójimo, como un templo del Espíritu Santo, una manifestación de la belleza divina.
Concilio Vaticano II: 
Apostolicam Actuositatem - Párrafo 12
Los jóvenes ejercen en la sociedad moderna un influjo de gran interés. Las circunstancias de su vida, el modo de pensar e incluso las mismas relaciones con la propia familia han cambiado mucho. Muchas veces pasan demasiado rápidamente a una nueva condición social y económica. Pero el paso que aumenta de día en día su influjo social, e incluso político, se ven como incapacitados para sobrellevar convenientemente esas nuevas cargas.
Este su influjo, acrecentado en la sociedad, exige de ellos una actividad apostólica semejante, pero su misma índole natural los dispone a ella. Madurando la conciencia de la propia personalidad, impulsados por el ardor de su vida y por su energía sobreabundante, asumen la propia responsabilidad y desean tomar parte en la vida social y cultural: celo, que si está lleno del espíritu de Cristo, y se ve animado por la obediencia y el amor hacía los pastores de la Iglesia, permite esperar frutos abundantes. (Ellos deben convertirse en los primeros e inmediatos apóstoles, de los jóvenes, ejerciendo el apostolado entre sí, teniendo en consideración el medio social en que viven).
Procuren los adultos entablar diálogo amigable con los jóvenes, que permita a unos y a otros, superada la distancia de edad, conocerse mutuamente y comunicarse entre sí lo bueno que cada uno tiene. Los adultos estimulen hacia el apostolado a la juventud, sobre todo en el ejemplo, y cuando haya oportunidad, con consejos prudentes y auxilios eficaces. Los jóvenes, por su parte, llénense de respeto y de confianza para con los adultos, y aunque, naturalmente, se sientan inclinados hacia las novedades, aprecien sin embargo como es debido las loables tradiciones.
También los niños tienen su actividad apostólica. Según su capacidad, son testigos vivientes de Cristo entre sus compañeros.


Lumen Fidei: Carta Encíclica del Sumo Pontífice Francisco sobre la fe, aquí.


Enlaces

Sigue las noticias, eventos, discursos y documentos del Año de la Fe:
Web oficial de la Santa Sede: www.annusfidei.va
Web dedicada al Año de la Fe en Hogar de la Madre: http://www.hogardelamadre.net/es/vida-espiritual/annus-fidei

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