En busca de la santidad

Papa Francisco: Hay que tener en cuenta que la santidad no es algo que nos proporcionamos a nosotros mismos, que obtenemos con nuestras cualidades y nuestras habilidades. La santidad es un don, es el regalo que nos hace el Señor Jesús, cuando nos lleva con Él, nos cubre de Él y nos hace como Él... La santidad es el rostro más bello de la Iglesia: es descubrirse en comunión con Dios, en la plenitud de su vida y su amor... no es la prerrogativa de unos pocos: la santidad es un don que se ofrece a todos, sin excepción, por eso es el carácter distintivo de cada cristiano.

viernes, 7 de octubre de 2011

SANTO ROSARIO: UNA FORMA POÉTICA DE ORACIÓN

7 de octubre, Nuestra Señora del Rosario
Una forma poética de oración


Tras el éxito que supuso la publicación de El espíritu de la liturgia, Romano Guardini escribió El Rosario de Nuestra Señora (Desclée de Brouwer, Bilbao 2008) para destacar que los creyentes necesitan vías distintas y complementarias para llegar a Dios


A menudo se impugna el rezo del Rosario por su condición reiterativa. Se olvida que la repetición es impertinente en el lenguaje prosaico, pero resulta sumamente fecunda en el lenguaje poético. En el prosaico, lo decisivo es el significado de lo que se dice. Cuando se nos comunica un dato objetivo, nos fijamos en su contenido, y casi no reparamos en cómo se nos dice. El lenguaje poético no sólo comunica algo, sino que crea un ámbito de vida. Cuando Bach repite 33 veces en el Gloria de su gran Misa en si menor: «Y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad», no quiere recordarnos una frase del evangelio de San Lucas que todo creyente sabe de memoria, y sería impertinente insistir en ella. Bach configura un ámbito de paz, para que nos sumerjamos en él y sintamos por propia experiencia de qué paz altísima se trata. El lenguaje poético encarna aquello que dice, lo plasma en forma de ámbitos en los que podemos adentrarnos para morar en ellos.


De forma análoga, el rezo del Rosario repite invocaciones, una vez y otra, para instaurar un ámbito de piedad, de sosegada meditación, de invocación reposada. Las palabras tienen dos funciones: primera: transmiten un significado preciso. Al decir: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros...», nos hacemos cargo de que estamos pidiendo la intercesión de la Madre de Jesús. Segunda: esta misma expresión puede servir para crear un ámbito permanente de relación con María y su Hijo Jesús, ámbito en el que tienen lugar actos de súplica, invocación, alabanza, veneración... Rezar el Rosario no es sólo pronunciar una serie de invocaciones venerables por su origen y profundas por su significado. Significa crear un espacio de piedad y permanecer activamente en él. Ese espacio está constituido por el entreveramiento de la vida de María y la de Jesús.

Al rezar el Rosario de forma activa, nos inmergimos en el ámbito de vida espiritual formado por el encuentro de Jesús y María, que es un espacio viviente de donación y receptividad, iluminación y comprensión, amistad y paz. Permanecer en este ámbito de adhesión espiritual íntima nos produce un sentimiento de plenitud gozosa, porque los seres humanos necesitamos vernos acogidos en ámbitos de vida plena. Sobre todo cuando nos vemos desvalidos, faltos de hogar espiritual y descentrados como personas, nos conforta sobremanera entrar en un reino donde impera el amor incondicional y la entrega. El Rosario nos ofrece este ámbito de reposo y acogimiento, en el cual no estamos tensos hacia una meta, sino que permanecemos tranquilos en un clima de amistad y confianza. «Permanecer en él hace bien», escribe Romano Guardini. Nos hace bien porque, al instalarnos en el ámbito formado por el entrelazamiento de las vidas de Jesús y María, abrimos un espacio interior bien dispuesto para acoger la vida divina. María dio forma humana a Jesús. Dios debe, asimismo, tomar forma en nuestra existencia creyente. Ese acontecimiento se revive en el rezo atento del Rosario.



Para rezar debidamente el Rosario y darle todo su valor, debemos reposar el ánimo y ajustarlo al ritmo de la repetición, en la conciencia de que no estamos diciendo una y otra vez lo mismo, sino que estamos creando un ámbito de contemplación, de súplica, de ofrecimiento agradecido de la propia vida. Las palabras, al ser repetidas con intención creativa, se convierten en vehículos de un nuevo contenido que las sobrevuela: el ámbito de meditación, de súplica y agradecimiento que están fundando.



Rezar así requiere una paciencia amorosa, como la de quien se adentra en una realidad muy bella y no ceja hasta que la conoce de cerca y la convierte en su hogar.



Alfonso López Quintás


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2 comentarios:

Marian dijo...

Que reflexión tan hermosa del Rosario.
¡Muchas gracias!
Dios le bendiga.

Antonio M. Sánchez dijo...

Gracias, Marian. El Rosario es una sencilla oración en la que Dios "nos reza" (nos habla)por medio de María.

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FIRMES EN LA FE (Himno oficial JMJ Madrid 2011)

UN SEGLAR DESCUBRE LA ORACIÓN (Abelardo de Armas Añón)

Abelardo de Armas. Un seglar descubre la oración from Cruzados de Santa María on Vimeo.

Fuente: http://abelardodearmas.blogspot.com/