LAUDES 2 mayo 2026
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Venid, adoremos a Cristo,
Pastor supremo.
Salmo 94
Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos
a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande, soberano de todos los dioses: tiene en
su mano las simas de la tierra, son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo, la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque
él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz: "No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto: cuando vuestros padres me pusieron a
prueba, y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras."
Durante cuarenta años aquella generación me repugnó, y dije: "Es un
pueblo de corazón extraviado, que no reconoce mi camino; por eso he jurado en
mi cólera que no entrarán en mi descanso."
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Venid, adoremos a Cristo, Pastor
supremo.
HIMNO
Cristo, Cabeza, Rey de los pastores, el pueblo entero, madrugando a fiesta,
canta a la gloria de tu sacerdote himnos sagrados.
Con abundancia de sagrado crisma, la unción profunda de tu Santo Espíritu lo
armó guerrero y lo nombró en la Iglesia jefe del pueblo.
Él fue pastor y forma del rebaño, luz para el ciego, báculo del pobre, padre
común, presencia providente, todo de todos.
Tú que coronas sus merecimientos, danos la gracia de imitar su vida y al fin,
sumisos a su magisterio, danos su gloria. Amén.
Ant. 1. ¡Qué magníficas son tus
obras, Señor! Aleluya.
Salmo 91
Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh Altísimo, proclamar
por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad, con arpas de diez
cuerdas y laúdes, sobre arpegios de cítaras.
Tus acciones, Señor, son mi alegría, y mi júbilo, las obras de tus manos. ¡Qué
magníficas son tus obras, ¡Señor, qué profundos tus designios! El ignorante no
los entiende ni el necio se da cuenta.
Aunque germinen como hierba los malvados y florezcan los malhechores, serán
destruidos para siempre. Tú, en cambio, Señor, eres excelso por los siglos.
Porque tus enemigos, Señor, perecerán, los malhechores serán dispersados; pero
a mí me das la fuerza de un búfalo y me unges con aceite nuevo. Mis ojos
despreciarán a mis enemigos, mis oídos escucharán su derrota.
El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano: plantado
en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios;
en la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso, para proclamar que
el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. ¡Qué magníficas son tus obras,
Señor! Aleluya.
Ant. 2. Derramaré sobre vosotros un
agua pura. Aleluya.
Cántico Ez 36, 24-28
Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os
llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras
inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os
infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y
os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que
guardéis y cumpláis mis mandatos.
Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Derramaré sobre vosotros un
agua pura. Aleluya.
Ant. 3. Todo es vuestro, vosotros
de Cristo, y Cristo de Dios. Aleluya.
Salmo 8
Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos. De la boca de los niños de pecho has
sacado una alabanza contra tus enemigos, para reprimir al adversario y al
rebelde.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes
de él, el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le
diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo,
los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.
Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Todo es vuestro, vosotros de
Cristo, y Cristo de Dios. Aleluya.
LECTURA BREVE Hb 13, 7-9a
Acordaos de aquellos superiores vuestros que os expusieron la palabra de
Dios: reflexionando sobre el desenlace de su vida, ¡mitad su fe. Jesucristo es
el mismo hoy que ayer, y para siempre. No os dejéis extraviar por doctrinas
llamativas y extrañas.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas. Aleluya,
aleluya.
R. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas. Aleluya,
aleluya.
V. Ni de día ni de noche dejarán de anunciar el nombre del Señor.
R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas. Aleluya,
aleluya.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. No sois vosotros los que
habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre quien habla por vosotros. Aleluya.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su
pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según
lo había predicho desde antiguo,
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos
los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando
su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le
sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que
nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de
muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. No sois vosotros los que habláis, sino el
Espíritu de vuestro Padre quien habla por vosotros. Aleluya.
PRECES
Demos gracias a Cristo, el buen pastor que entregó la vida por sus ovejas,
y supliquémosle diciendo: Apacienta a
tu pueblo, Señor.
Señor Jesucristo, tú que en los santos pastores has revelado tu misericordia y
tu amor,
— haz que, por ellos, continúe llegando a
nosotros tu acción misericordiosa.
Señor Jesucristo, tú que a través de los santos pastores sigues siendo el
único pastor de tu pueblo,
— no dejes de guiarnos siempre por medio
de ellos.
Señor Jesucristo, tú que por medio de los santos pastores eres el médico de
los cuerpos y de las almas,
— haz que nunca falten en tu Iglesia los
ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.
Señor Jesucristo, tú que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el
amor de los santos,
— haz que, guiados por nuestros pastores,
progresemos en la santidad.
Se pueden añadir
algunas intenciones libres.
Oremos confiadamente al Padre, como
Cristo nos enseñó:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a
nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy
nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos
del mal.
ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, que hiciste de tu obispo san Atanasio un
preclaro defensor de la divinidad de tu Hijo, concédenos, en tu bondad, que,
fortalecidos con su doctrina y protección, te conozcamos y te amemos cada vez
más plenamente. Por nuestro Señor Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
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