En busca de la santidad

Papa Francisco: Hay que tener en cuenta que la santidad no es algo que nos proporcionamos a nosotros mismos, que obtenemos con nuestras cualidades y nuestras habilidades. La santidad es un don, es el regalo que nos hace el Señor Jesús, cuando nos lleva con Él, nos cubre de Él y nos hace como Él... La santidad es el rostro más bello de la Iglesia: es descubrirse en comunión con Dios, en la plenitud de su vida y su amor... no es la prerrogativa de unos pocos: la santidad es un don que se ofrece a todos, sin excepción, por eso es el carácter distintivo de cada cristiano.

miércoles, 1 de abril de 2026

Primera palabra: PADRE, PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN

 Primera palabra:

PADRE, PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN



Estamos contemplando y acompañando a Cristo en su pasión, vamos a escuchar las siete palabras que nos dirige directamente a cada uno de nosotros hoy. Abramos nuestro corazón porque son 7 palabras de redención.

Contemplemos la escena, pero no como meros espectadores, sino como discípulos que participan en ese hecho histórico. Cristo clavado en la cruz entre dos ladrones en un ambiente de desprecio, insultos y de burla: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido». Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». 

Desde algún rincón de la escena estamos cada uno de nosotros y Cristo desde la cruz nos busca, nos encuentra y nos mira, tal vez buscando una palabra o una mirada de consuelo. Conoce también cómo es nuestra vida de pecado. Contemplando Él los pecados presentes y futuros de todos y cada uno de los hombres, pronuncia su primera palabra: «Padre, Perdónalos, porque no saben lo que hacen».

¿Cuándo las dice el Señor? En un momento específico, durante la crucifixión, cuando siente que los clavos le perforan las muñecas y los pies. Intentemos imaginar el dolor lacerante que eso provocaba. Allí, en el dolor físico más agudo de la pasión, Cristo pide perdón por quienes lo están traspasando. En esos momentos, uno sólo quisiera gritar toda su rabia y sufrimiento; en cambio, Jesús dice: Padre, perdónalos.

Pensemos que Dios hace lo mismo con nosotros. Cuando le causamos dolor con nuestras acciones, Él sufre y tiene un solo deseo: poder perdonarnos.

Cristo se olvida de sí mismo y se preocupa por los que le están ofendiendo, por los que necesitan ayuda para salir de su vida equivocada de pecado, por los que necesita la salvación de su alma. Nos enseña que la vida cristiana también es olvido de uno mismo para ocuparnos en la salvación de las almas.

Cristo muestra compasión y ternura. Contemplemos a Jesús en la cruz y veamos que nunca hemos recibido una mirada más tierna y compasiva. Contemplemos al Crucificado y digamos: “Gracias, Jesús, me amas y me perdonas siempre, aun cuando a mí me cuesta amarme y perdonarme”

Cristo disculpa ante el Padre porque no saben lo que hacen. Han pasado 20 años y Cristo nos sigue disculpando, deseando que cambiemos de vida, que dejemos nuestra vida de pecado, pero seguimos crucificándole. Cristo sigue hoy perdonando y pidiendo el perdón para nosotros, porque su perdón desde la Cruz es redentor.  

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