Primera palabra:
PADRE, PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN
Estamos contemplando y acompañando a Cristo en
su pasión, vamos a escuchar las siete palabras que nos dirige directamente a
cada uno de nosotros hoy. Abramos nuestro corazón porque son 7 palabras de
redención.
Contemplemos la escena, pero no como meros
espectadores, sino como discípulos que participan en ese hecho histórico. Cristo
clavado en la cruz entre dos ladrones en un ambiente de desprecio, insultos y
de burla: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de
Dios, el Elegido». Se burlaban de él también los soldados, que se
acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: «Si eres tú el rey de los
judíos, sálvate a ti mismo».
Desde algún rincón de la escena estamos cada
uno de nosotros y Cristo desde la cruz nos busca, nos encuentra y nos mira, tal
vez buscando una palabra o una mirada de consuelo. Conoce también cómo es
nuestra vida de pecado. Contemplando Él los pecados presentes y futuros de
todos y cada uno de los hombres, pronuncia su primera palabra: «Padre, Perdónalos,
porque no saben lo que hacen».
¿Cuándo las
dice el Señor? En un momento específico, durante la crucifixión, cuando siente
que los clavos le perforan las muñecas y los pies. Intentemos imaginar el dolor
lacerante que eso provocaba. Allí, en el dolor físico más agudo de la pasión,
Cristo pide perdón por quienes lo están traspasando. En esos momentos, uno sólo
quisiera gritar toda su rabia y sufrimiento; en cambio, Jesús dice: Padre,
perdónalos.
Pensemos
que Dios hace lo mismo con nosotros. Cuando le causamos dolor con nuestras
acciones, Él sufre y tiene un solo deseo: poder perdonarnos.
Cristo se olvida de sí mismo y se preocupa por
los que le están ofendiendo, por los que necesitan ayuda para salir de su vida equivocada
de pecado, por los que necesita la salvación de su alma. Nos enseña que la vida
cristiana también es olvido de uno mismo para ocuparnos en la salvación de las
almas.
Cristo muestra compasión y ternura. Contemplemos
a Jesús en la cruz y veamos que nunca hemos recibido una mirada más tierna y
compasiva. Contemplemos al Crucificado y digamos: “Gracias, Jesús, me amas y me
perdonas siempre, aun cuando a mí me cuesta amarme y perdonarme”
Cristo disculpa ante el Padre porque no saben
lo que hacen. Han pasado 20 años y Cristo nos sigue disculpando, deseando que
cambiemos de vida, que dejemos nuestra vida de pecado, pero seguimos crucificándole.
Cristo sigue hoy perdonando y pidiendo el perdón para nosotros, porque su perdón
desde la Cruz es redentor.
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