En busca de la santidad

Papa Francisco: Hay que tener en cuenta que la santidad no es algo que nos proporcionamos a nosotros mismos, que obtenemos con nuestras cualidades y nuestras habilidades. La santidad es un don, es el regalo que nos hace el Señor Jesús, cuando nos lleva con Él, nos cubre de Él y nos hace como Él... La santidad es el rostro más bello de la Iglesia: es descubrirse en comunión con Dios, en la plenitud de su vida y su amor... no es la prerrogativa de unos pocos: la santidad es un don que se ofrece a todos, sin excepción, por eso es el carácter distintivo de cada cristiano.

domingo, 11 de diciembre de 2011

UN TESORO ESCONDIDO

LA VOCACIÓN DE TODO BAUTIZADO


Todo bautizado es un vocacionado, es un llamado. Pero no todo bautizado descubre su vocación dentro de la Iglesia. No todos los cristianos buscan y encuentran el proyecto que Dios tiene para ellos.
Descubrir este Proyecto Personal de Dios con cada uno de nosotros, requiere un proceso interior e íntimo, que tiene algunos rasgos comunes, en el corazón del ser humano, y que desemboca a una Vocación, dentro del Gran Proyecto del Amor de Dios.
No es fácil.
Los rasgos comunes que encontramos en el proceso vocacional, entrañan:


SER Llamado a la existencia por Dios, por puro Amor. Dios nos crea por puro Amor.
CONOCER El que descubre su SER, busca conocer a su Creador. Conocer a Dios.
AMAR El conocimiento de Dios, va haciendo que surja el Amor en el ser humano.
SEGUIR Es el impulso natural de todo ser humano hacia quien Ama.
IMITAR Seguir a quien se Ama, porque se lo Conoce, nos hace reflejo suyo.
PERFECTOS Si realmente somos reflejo de Dios, que es Amor, esto nos hace:



SER

Dios Creador de todo, Señor y Dador de Vida y Libertades el que da el primer paso, y por puro Amor llama a la existencia, crea a cada ser humano, lo hace SER.
Y no sólo crea, sino que sale a su encuentro, lo invita, lo llama, lo Ama, y quiere iniciar con él una historia de amor.
Dios se hace en encontradizo, busca el medio y la manera de hacernos saber que nos ama y nos llama.
Él espera que tengamos los ojos y los oídos del corazón y de la mente bien abiertos, para que lo descubramos, y ese descubrimiento, nos mueva a Conocerlo.
Dios respeta nuestra libertad, desea y sueña que descubramos su paso por nuestra historia, por nuestra vida, que nuestro corazón se conmueva, se mueva con Él, hacia Él, lo busque. Que sintamos la inquietud, el interés de Conocerlo.

CONOCER

Conocer a Dios es: buscarlo, descubrir su grandeza y dejarse conquistar por Él. Conocerlo es descubrir que ÉL ES, el autor de todo lo creado.
Podemos conocer a Dios a través de:
La Sagrada Escritura (Biblia): Antiguo y Nuevo Testamento. Es un lugar privilegiado en el que el mismo Dios nos habla. Desde el inicio de la creación, Dios nos ha estado hablando, sigue hablándonos y seguirá haciéndolo, mientras haya un solo ser humano dispuesto a escucharlo. (Heb 1,1-4; Fil 2,6-11)
La Tradición Revelada: Hay muchas cosas de Dios que no están contenidas en la Sagrada Escritura, que han sido divinamente inspiradas o reveladas y que han llegado hasta nosotros, gracias a la tradición, porque se han trasmitido de generación en generación. La Iglesia tiene la misión de ser portadora de esta Tradición. (Lc 7,20-23)
Magisterio: son todas las enseñanzas por las que Dios procura mostrarnos como responder a situaciones actuales y que la Iglesia intenta trasmitir, ya que no están contenidas ni en la Sagrada Escritura ni en la Tradición Revelada. (1Cor 13,1-13)
La Iglesia: instituida por Jesucristo, para continuar su misión, con la fuerza del Espíritu Santo, cumple el mandato divino de: Poneos, pues, en camino, haced discípulos a todos los pueblos y bautizadlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de este mundo. (Mt 28,19-20). De aquí se deduce que podemos conocer y acercarnos a nuestro Dios, a través de la vida eclesial, sacramental y litúrgica.
Oración: Es el trato y relación personal e íntima con nuestro Dios, en la que se nos da a conocer directo al corazón. Son los momentos de intimidad que dedicamos a estar con ÉL. La oración es el lugar en el que hablamos a Dios de nosotros y dejamos a Dios que nos hable a nosotros. (Mt 6,5-15)
(Estos son los cauces, principales, por los que Dios se ha querido dar a conocer a los seres humanos, aunque Él se puede valer de otros muchos para comunicarse).
Así pues, conocer a Dios es reconocer que todo lo ha hecho por amor a la humanidad. Es sentirse creatura, es sentirse llamado y amado por Él. Conocerlo es profundizar en la realidad de su obra creadora y descubrir que somos parte de su proyecto de amor. Saber que hemos salido de sus manos y que nos ama tal y como somos.
Tras conocer o descubrir este misterio del Amor de Dios, el ser humano se siente impulsado a corresponder a este Amor, Amándolo.
Es cuando da el paso a AMAR

AMAR

El conocimiento de Dios, genera en el ser humano, un deseo profundo de amar, a aquel que nos ha amado primero. Es un sentimiento que llena el corazón y nos mueve a la acción. Es similar al de haber alcanzado el cielo con los dedos, es como tener el sol entre las manos.
Amar, significa, estar dispuesto a todo por quien se ama. Amar implica un deseo profundo y sincero de Ver, Escuchar, Entender, Sentir, Hablar, Dar y Darse a quien se Ama de verdad, sin esperar nada a cambio.
Descubrir el infinito Amor de Dios, presente en nuestra vida, llena nuestro ser, nos realiza como personas, nos da un nuevo sentido, nos plenifica, nos engrandece, nos diviniza, nos impulsa a SEGUIR su camino (Fil 3,7-12)

SEGUIR
Seguirlo, es dejar que sea Él, el capitán del barco de nuestra vida
, dejar que sea Él quien nos conduzca. Es izar nuestra vela y dejar que su Aliento impulse nuestra vida. Es ponernos a su entera disposición, a su entero servicio.
La confianza cierta en el Amor de Dios, nos lleva a caminar, a seguir su proyecto, a ser continuadores de su misión, realizadores de su plan, a ser co-creadores.
Seguirlo, es ponernos en sus manos, dejarnos guiar y llevar por Él, confiando en su Amor y en su deseo de hacernos plenamente felices. Es buscar los caminos que Él ha ido marcando en la historia, en nuestro presente, en nuestra realidad. Es descubrir lo que quiere de nosotros y hacerlo.
El seguimiento de Dios, produce en el ser humano, el deseo de llamarle Padre Bueno, de sentirnos hijos suyos, y hermanos unos de los otros. Y esto se concreta en el seguimiento a Cristo. Rom 8,31-39.
Seguir a Cristo, supone, como mínimo: (cuatro "Tener" y cuatro "Ser"):
Tener a Dios por Padre
Ser libres
Tener al Espíritu Santo como fuerza de Vida
Ser valientes
Tener a María por Madre
Ser desprendidos
Tener a la Iglesia como comunidad de Hermanos...
Ser humildes...
Así pues, el seguir a Cristo, provoca en el corazón del ser humano el deseo profundo y sincero de IMITARLO.

IMITAR

Imitar a Cristo es: hacer de su Proyecto, nuestro proyecto; de sus Ideales, los nuestros; de sus Sentimientos, nuestros sentimientos; de su Palabra, nuestra palabra, de sus Obras, las nuestras. En definitiva, hacer de su vida, nuestra vida.
El ser humano que escucha la llamada de Dios, que descubre su mano en la vida, se siente impulsado a responderle, a seguir sus huellas, a bogar mar adentro, lanzarse a navegar.
Imitar a Cristo es abandonarse en las manos del Padre y dejarse llenar por el Espíritu Santo, para configurarse con Él. Imitar a Cristo se concreta, en imitar sus actitudes: (1 Cor 13,1-8a)

ÉL: Es paciente, Es amable, No tiene envidia, No es jactancioso, No se engríe, Es decoroso, No busca su interés, No se irrita, No lleva cuenta del mal, No se alegra de la injusticia, Se alegra con la verdad, Todo lo excusa, Todo lo cree, Todo lo espera, Todo lo soporta

Jesucristo no pasa nunca.Quien imita estas actitudes a Él lo imita. Quien imita a Cristo es como Él: Perfecto.

Fuente: http://www.enredadios.com/site/course/view.php?id=4

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