En busca de la santidad

Papa Francisco: Hay que tener en cuenta que la santidad no es algo que nos proporcionamos a nosotros mismos, que obtenemos con nuestras cualidades y nuestras habilidades. La santidad es un don, es el regalo que nos hace el Señor Jesús, cuando nos lleva con Él, nos cubre de Él y nos hace como Él... La santidad es el rostro más bello de la Iglesia: es descubrirse en comunión con Dios, en la plenitud de su vida y su amor... no es la prerrogativa de unos pocos: la santidad es un don que se ofrece a todos, sin excepción, por eso es el carácter distintivo de cada cristiano.

domingo, 4 de enero de 2015

¿Cómo ser verdaderos líderes católicos?


“Sientan los mas jóvenes que esta llamada se hace de manera especial a ellos;recíbanla pues, con entusiasmo y magnanimidad”(Tomás Morales S.J)

A través de la historia, hemos sido testigos de la vida y obra de grandes líderes católicos, hombres y mujeres  que fueron capaces de cambiar la historia de la humanidad llevando un mensaje de paz, de amor, de lucha por la vida y de justicia social. Sin ir más lejos, durante el siglo XX  personajes como Teresa de Calcuta, el Padre Alberto Hurtado, Karol Wojtyla, fueron quienes a través de su constante entrega dieron testimonio vivo de las enseñanzas de Jesús.
Participar activamente en la misión salvadora de la Iglesia ha sido durante el siglo XX y XXI, el principal llamado de los Papas hacia la juventud. Ya lo decía San Pio X: “Lo más necesario en la sociedad de hoy, es tener en cada parroquia un grupo de seglares virtuosos, resueltos, intrépidos, verdaderos apóstoles”. Fue esa también la consigna del Concilio Vaticano II: “Los laicos están llamados a procurar el crecimiento de la Iglesia, a hacerla presente y operante en los lugares y condiciones donde ella no puede ser sal de la tierra sino a través de ellos.
Pero, ¿cómo asumir este llamado que la Iglesia nos hace? Hacernos parte de este llamado implica asumir responsabilidades, implica convertirnos en verdaderos líderes capaces de llevar con fuerza el mensaje evangelizador a cada persona y lugar.
El padre Tomás Morales S.J. a través de sus obras “Forja de Hombres” y “Laicos en Marcha”, nos orienta para convertirnos en verdaderos líderes católicos:
Según él, el líder debe en primer lugar, “hacer-hacer”, es decir, no asumir toda la responsabilidad él mismo, sino que confiar o delegar en otros las tareas que son necesarias para la causa: “hacer trabajar a diez en vez de trabajar por diez”. Hacer esto, implica suscitar en el otro la colaboración, apoyarse en el equipo de seglares, repartir tareas, estar al corriente de necesidades y situaciones, ejercer una autoridad discreta y paternal. Debe ser también reflexivo, constante, responsable y humilde, debe saber escuchar y corregir a quien se equivoca, conocer la realidad del otro, debe vencer el miedo y la timidez.
En segundo lugar, un buen líder debe renunciar a la prisa. La paciencia es la clave de la santidad personal y por lo tanto, del éxito en el apostoladoUna gran obra comienza con un pequeño grupo selecto de personas comprometidas que durante el tiempo se van multiplicando. Si se fracasa, se debe comenzar la labor con otros sin desalentarse jamás. Conquistar alma por alma debe ser la premisa, escuchar, conocer y formar son procesos lentos que deben tomar el tiempo que sea necesario.
En tercer lugar, no dejarse encandilar por mesianismos sociales ni políticos. Las estructuras sólo se reforman si se cambia el hombre.  Esto es lo verdaderamente difícil y lo único decisivo a la larga. Se será mejor cristiano en la medida que sea mejor obrero, mejor estudiante, mejor artista, mejor jefe de empresa, mejor hombre de Estado. Cristo no es sólo vida del alma, sino vida de todo el hombre. Nada escapa a su acción: familia, profesión, economía, educación, pasatiempos, etc.
En cuarto lugar, no convertirse en organizador de entretenciones. Atraer a la juventud por medio de diversiones puede desvirtuar la forja de hombres. Cuando la llama del ideal prende, la juventud, no encuentra mayor diversión que en el apostolado, en la conquista de sus hermanos, por lo tanto un buen líder debe saber conquistar almas sin recurrir a la diversión como medio de atracción de multitudes.
En quinto lugar, el líder debe tener amplitud ecuménica en la mentalidad y en la acción. Un líder católico debe ser capaz de llegar a todas y cada una de las personas que aparezcan en su camino. Debe sentirse un ciudadano de la Iglesia universal y no dejarse llevar por cierta congregación, o inspirarse en tal o cual sacerdote.  No hay actividad humana alguna que sea ajena a la solidaria tarea evangelizadora de los laicos”.
Y por último, debe primar en él la vida interior, debe ser reflexivo y mantener oración constante. Buscar constantemente el camino a Cristo por medio de la Virgen, tal como afirma Pablo VI: “María es siempre camino que conduce a Cristo. Todo encuentro con Ella no puede menos que acabar en un encuentro con Cristo mismo. El continuo recurso a María no es sino buscar en sus brazos, en Ella, por Ella y con Ella, a Cristo nuestro Salvador, a quien los hombres, en los desalientos y peligros, tienen necesidad de dirigirse como puerto de salvación y fuente trascendente de la vida”. Cultivar una vida interior intensa es la clave del éxito, más aún, si lo hacemos a través de María.
Un líder católico al mundo debe tener siempre presente que no debe desperdiciar ocasiones, ya que desperdiciar una ocasión implica perder un alma, una palabra puede ser decisiva en la vida de una persona. Debe saber esperar y no desanimarse ante la adversidad o el fracaso.
“Es la hora de las almas  que han comprendido que ser cristiano es una fortuna, pero también un gran peso, peligro y deber… Es preciso trabajar hoy, porque mañana sería tarde” (Pablo VI)

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