PARA EDUCAR EN VALORES
No cabe
duda que los valores están de moda después de un tiempo demasiado largo en el
que han sido ignorados.
Aparecen
nuevas iniciativas para la escuela y nuevas publicaciones. Proliferan las ONGs,
la defensa de los derechos humanos, la opción por la vida. Incluso las empresas
de vanguardia apuestan por los valores como vehículo de eficacia, calidad y
rentabilidad.
El
renacimiento de los valores tal vez sea debido, no tanto por el convencimiento
de sus virtudes, como el temor a su ausencia.
Pero es
claro que la vivencia de los valores tiene efectos positivos tanto desde el
punto de vista personal como colectivo.
La escuela
debe apostar preferentemente por la transmisión de valores y, por lo tanto,
debe profundizar sobre su metodología.
Para
enseñar, por ejemplo, una raíz cuadrada, es suficiente la explicación del
mecanismo para su realización.
La
transmisión de los valores responde a otros esquemas didácticos. Los valores
son un descubrimiento fruto de un encuentro personal con el valor.
El valor
sólo existe cuando es vivido por alguien como una experiencia de crecimiento
personal, no es suficiente ser conocido de modo especulativo.
Si los
valores se enseñaran sería suficiente dedicarles algún día puntual para su explicación.
Para su transmisión es necesario cambiar los esquemas y utilizar otras metodologías.
1º. Crear
un ambiente que facilite el encuentro del alumno con el valor capacitándole
para su descubrimiento.
2º. El
profesor hade ser un especialista en vivir los valores. Sólo así podrá transmitirlos.
De esta manera el “enseñante” se convierte en “educador”. El profesor, lo
pretenda o no, es un modelo de comportamiento para sus alumnos.
3º.
Proponer a los alumnos tareas para que experimenten los valores. Los valores se
comprenden cuando se viven.
4º.
Proponer modelos de comportamiento. Los alumnos necesitan modelos de referencia,
si no les mostramos relatos de vidas llenas de sentido y de existencias
significativas, tomarán como modelo los que la sociedad les muestra. No nos
extrañe, pues, que mañana vistan de negro y recen fervorosamente al “heavy
metal”.
Antonio Manuel Sánchez Sánchez
(Diario de Cádiz, 16 julio 2001)