Despedida del Papa: «Nunca me he sentido solo»
Os doy las gracias por haber venido tan numerosos a esta última audiencia general de mi Pontificado. Os lo agradezco de corazón, estoy realmente conmovido. Veo la Iglesia viva. Pienso que tenemos que dar gracias al Creador, por el buen clima que nos ha regalado, cuando aún estamos en invierno. Como dice el apóstol Pablo en el texto que hemos oído, también yo siento en mi corazón el deber, sobre todo, de dar gracias a Dios, que guía y hace crecer a la Iglesia, que siembra su Palabra y así alimenta la fe de su Pueblo. En este momento mi espíritu se alarga para abrazar a toda la Iglesia repartida por el mundo; doy gracias a Dios por las noticias que he podido recibir durante estos años de ministerio petrino sobre la fe en nuestro Señor Jesucristo, y sobre la caridad que circula verdaderamente en el Cuerpo de la Iglesia y la hace vivir en el amor, y sobre la esperanza que nos abre y orienta hacia una vida plena, hacia la patria del Cielo. Os tengo a todos presentes en mi oración, en un presente que es el de Dios, donde recuerdo cada encuentro, cada viaje, cada visita pastoral. Uno en la oración a todo y a todos para encomendarlos al Señor: «para que Dios les haga conocer perfectamente su voluntad, y les dé con abundancia la sabiduría y el sentido de las cosas espirituales. Así podrán comportarse de una manera digan del Señor, agradándolo en todo, fructificando en toda clase de obras buenas» (Col. 1, 9-10).