ENSEÑAR A PENSAR
Un concepto
aprendido de memoria es muy probable que con el tiempo se olvide. Ese mismo
concepto conseguido a través de proceso de descubrimiento, lo más probable es que
no se olvide nunca. Nuestras instituciones educativas deben ser centros de investigación
que provoquen la necesidad, la alegría y el entusiasmo por descubrir los
conceptos, los conocimientos y sobre todo para conseguir un estilo de vida propio.
Esto sólo es posible si les enseñamos a pensar, porque pensar no es sólo “pensar”.
Es una de las cosas más fructíferas que el hombre puede hacer, además de ser
una fuente de conocimientos. Es sobre todo un medio y un instrumento para
construir la propia personalidad y la propia forma de ser. No es un acto
especulativo, requiere establecer un ámbito de relación con la realidad, ante
la cual no somos espectadores, sino actores y protagonistas. Pensar es formar y
ordenar ideas con vistas a una acción inmediata y orientada a un objetivo.
Pensar es
observar la realidad lo más directamente posible estableciendo una relación con
ella. Después la enjuiciamos desde nuestras propias ideas, par por fin aplicar
a nuestra manera de ser estableciendo procedimientos tendentes a cambiar esa
realidad o para cambiar nuestra actitud ante ella.
Quien
desarrolla su capacidad de pensar no sólo estará preparado para adquirir nuevos
conocimientos, sino sobre todo será una persona que no se deje arrastrar por
los eslóganes, no vivirá de impresiones y sensaciones, ni patinará por la superficie
de las cosas.
Enseñando a
pensar con profundidad, orden y nitidez, estamos capacitando al alumno para
tener ideas propias, desarrollando su capacidad crítica, su iniciativa, saber
dialogar y, desde las propias convicciones, aceptar que hay otras formas de
pensar. Quien está capacitado para pensar seguirá a lo largo de su vida
enriqueciéndose con nuevos conocimientos de forma creativa. Luego pensar no es
sólo “pensar”, ¿o no?
Antonio Manuel Sánchez Sánchez
(Diario de Cádiz, 21 junio 2001)