En busca de la santidad

“El matrimonio no es un ideal, sino el modelo del verdadero amor entre el hombre y la mujer: amor total, fiel y fecundo (cf. S. Pablo VI, Carta enc. Humanae vitae, 9). Este amor, al hacerlos “una sola carne”, los capacita para dar vida, a imagen de Dios. (León XIV en la homilía del Jubileo de las Familias, 1 de junio de 2025”.

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lunes, 16 de marzo de 2015

Papa Francisco explica cómo ser un buen maestro católico

VATICANO, 14 Mar. 15 / 08:18 am (ACI).- El Papa Francisco continuó con su nutrida agenda este sábado por la mañana y recibió a una amplia representación de miembros de la Unión Católica Italiana de Profesores, Dirigentes, Educadores y formadores medios. Una asociación que cumple 70 años a quienes el Pontífice aconsejó vivamente sobre la formación de los escolares.
Al iniciar su discurso en el Aula Pablo VI ante miles de maestros, el Santo Padre pidió permiso para llamarles “colegas” ya que “también yo fui profesor como ustedes y conservo un bonito recuerdo de las jornadas vividas en el aula con los estudiantes”.
El Santo Padre pidió a los profesores actualizar las propias competencias didácticas, también a la luz de las nuevas tecnologías, porque “ser profesor no es solo un trabajo: es una relación en la que cada maestro debe sentirse enteramente implicado como persona, para dar sentido a la tarea educativa hacia los propios alumnos”.
“Los animo a renovar su pasión por el hombre en su proceso de formación y ser testimonios de vida y de esperanza”, dijo.
Como buen conocedor de esta profesión, Francisco recalcó que es “un trabajo precioso porque permite ver crecer día a día a las personas que han sido confiadas a nuestro cuidado” y “es un poco como ser padres, al menos espiritualmente”.
El Papa también comentó que “es una gran responsabilidad” así como un trabajo “serio que solo una persona madura y equilibrada puede realizar”. Y, a su juicio, una buena cosa es que “se comparte siempre el propio trabajo con otros colegas y con toda la comunidad educativa a la que pertenece”.
El Pontífice recordó los inicios de la Asociación, fundada por el profesor de religión Gesualdo Nosengo, “que sintió la necesidad de recoger a los maestros de secundaria de entonces, que se reconocían en la fe católica y que con esta inspiración trabajaban en la escuela”.
Francisco hizo un repaso de esta asociación, con la que “han contribuido a hacer crecer el país, reformar la escuela y sobre todo a educar a generaciones de jóvenes”. A pesar de que desde entonces ha cambiado la sociedad, “siempre hay profesores dispuestos a trabajar en la misma profesión con ese entusiasmo y esa disponibilidad que da la fe en el Señor”.
El Papa recordó que  la enseñanza más importante de Jesús es la de “amar al Señor tu Dios y amar al prójimo”. “Nos podemos preguntar: ‘¿Quién es el prójimo para un profesor?’.¡El ‘prójimo’ son los estudiantes!, exclamó. “Y aquellos con los que transcurre sus jornadas. Son los que por él tienen un guía, una dirección, una respuesta y, todavía antes, buenas preguntas”.
El Papa pidió que iluminen y motiven una “justa idea de escuela”, que “es oscurecida por discusiones y posiciones reductivas” y recordó que “la escuela está hecha en verdad de una válida y cualificada instrucción, pero también de relaciones humanas, que de parte nuestra son relaciones de acogida, de benevolencia, de reservar a todos indistintamente”.
Como Obispo de Roma y antiguo maestro dio algunos consejos sobre cómo enseñar de la mejor manera, por ejemplo “amar con mayor intensidad a sus estudiantes más difíciles, más débiles, más desfavorecidos”.
Este fue uno de los asuntos que más quiso subrayar y animó a “amar más a los estudiantes que no quieren estudiar, aquellos que se encuentran en condiciones de privación, los discapacitados y los extranjeros, que hoy son un gran desafío para la escuela”.
Al tratarse de una asociación católica, el Papa indicó que si quieren testimoniar la propia inspiración de esta sociedad deben “empeñarse en las periferias de las escuelas, que no pueden ser abandonadas a la marginación, la ignorancia, a la mala vida”.
En este sentido, “en una sociedad que cansa de encontrar puntos de referencia es necesario que los jóvenes encuentren en la escuela una referencia positiva”. Esto se consigue con profesores que den “un sentido a la escuela, al estudio y a la cultura, sin reducir todo a la sola transmisión de conciencias técnicas, sino apuntando a construir una relación educativa con cada alumno, que debe sentirse acogido y amado por aquello que es, con todas sus limitaciones y sus potenciales”.
El Papa también habló sobre la cantidad de buenos educadores que la comunidad cristiana ha tenido siempre. Ellos “se han dedicado a suplir las carencias de la formación en la escuela, o a fundar colegios algunas veces”.
Por ejemplo, “San Juan Bosco del que este año se celebra el bicentenario”. Se trata, aseguró el Santo Padre, de un modelo “que pueden mirar también ustedes, profesores cristianos, para animar desde el interior una escuela que, independientemente de que su gestión sea estatal o no, tiene necesidad de educadores creíbles y de testimonios de una humanidad madura y completa”.

viernes, 28 de noviembre de 2014

"REALIZAR UN CAMBIO EN NUESTRA MENTALIDAD PASTORAL" (Francisco)


El Papa pide salir a evangelizar en la ciudad, cambiar horarios en parroquias y evitar clericalismos

 Asumir los desafíos de la pastoral familiar.

El primer desafio: "realizar un cambio en nuestra mentalidad pastoral", ya que "hoy ya no somos los únicos que producimos cultura, ni los primeros, ni los más escuchados".
Por eso, "necesitamos un cambio de mentalidad pastoral", pero no de una "pastoral relativista" que por querer estar presente en la "cocina cultural" pierde el horizonte evangélico, dejando al hombre confiado en sí mismo y emancipado de la mano de Dios.

"Tener la valentía de hacer una pastoral evangelizadora audaz y sin temor" porque, "el hombre, la mujer, las familias y los distintos grupos esperan de nosotros, y necesitan para su vida la Buena Noticia que es Jesús y su Evangelio". Y para ello "debemos trabajar para no tener vergüenza en el anunciar a Jesucristo".

Adquirir un diálogo pastoral sin relativismos, que no negocia la propia identidad cristiana, pero que quiere llegar al corazón del otro, de los otros distintos a nosotros, y allí sembrar el Evangelio. Para el diálogo evangelizador "es necesaria la conciencia de la propia identidad cristiana y también la empatía con la otra persona".


“No podemos negar ni despreciar tal experiencia de Dios, que aún siendo a veces dispersa o mezclada, pide ser descubierta y no construida", "debemos buscarla, reconocerla, interpretarla y seguramente también evangelizarla".

Dos propuestas para estos desafíos.
En primer lugar: "salir y facilitar". "del recibir al salir, del esperar a que vengan a ir a buscarles".
Y para "facilitar el encuentro con el Señor" ha propuesto "hacer accesible el sacramento del bautismo", "iglesias abiertas", "secretarías con horarios para las personas que trabajan", "catequesis adaptadas en los contenidos y en los horarios de la ciudad"... De este modo, el Papa ha pedido "profundizar esos cambios necesarios en nuestras varias catequesis, sustancialmente en nuestras formas pedagógicas, para que los contenidos se comprendan mejor" y al mismo tiempo "aprender a despertar en nuestros interlocutores la curiosidad y el interés por Jesucristo".


La segunda propuesta es "la Iglesia samaritana. Estar". Este es un cambio en el sentido del testimonio.

Es muy importante "el protagonismo de los laicos y de los mismos pobres. Y también la libertad del laico, porque eso que nos encarcela, que no abre las puertas, es la enfermedad del clericalismo. Es uno de los problemas más graves".

jueves, 20 de noviembre de 2014

Papa Francisco: «¡Todos estamos llamados a ser santos!»

«Cada paso hacia la santidad nos hará mejores personas»

 

Francisco ha dedicado su catequesis de hoy a la vocación universal de ser santo, ¿en qué consiste, y cómo podemos llegar a serlo? «hay que tener en cuenta que la santidad no es algo que nos proporcionamos a nosotros mismos, que obtenemos con nuestras cualidades y nuestras habilidades -ha dicho-. La santidad es un don, es el regalo que nos hace el Señor Jesús, cuando nos lleva con Él, nos cubre de Él y nos hace como Él», ha dicho el Santo Padre. El Papa ha aseverado que «cualquier forma de vida lleva a la santidad si se vive en comunión con el Señor »
VIS/InfoCatólica) El Papa ha asegurado que «hay que tener en cuenta que la santidad no es algo que nos proporcionamos a nosotros mismos, que obtenemos con nuestras cualidades y nuestras habilidades -ha dicho-. La santidad es un don, es el regalo que nos hace el Señor Jesús, cuando nos lleva con Él, nos cubre de Él y nos hace como Él... La santidad es el rostro más bello de la Iglesia: es descubrirse en comunión con Dios, en la plenitud de su vida y su amor... no es la prerrogativa de unos pocos: la santidad es un don que se ofrece a todos, sin excepción, por eso es el carácter distintivo de cada cristiano».
«Para ser santo -ha explicado- no necesariamente hay que ser obispos, sacerdotes o religiosos ... ¡Todos estamos llamados a ser santos!...es viviendo con amor y ofreciendo el testimonio personal cristiano en las ocupaciones diarias que estamos llamados a ser santos. Y cada uno en la condición y estado de vida en que se encuentra» consagrados, casados, bautizados solteros, padres, abuelos, catequistas, profesores o voluntarios. «Cualquier forma de vida lleva a la santidad si se vive en comunión con el Señor y al servicio de los hermanos».

Examen de conciencia

«Ahora - ha añadido el Papa Francisco- cada uno de nosotros puede hacer un examen de conciencia ...y preguntarnos cómo hemos respondido a la llamada de Dios», y ha destacado después que cuando el Señor nos llama a ser santos, no nos llama a algo pesado y triste... sino que se trata de una invitación a compartir su alegría.
«Si entendemos esto, todo cambia y adquiere un nuevo y hermoso significado empezando por las pequeñas cosas de cada día... Y cada paso hacia la santidad nos hará mejores personas, libres de egoísmo y de la cerrazón en nosotros mismos. Estaremos, en cambio, abiertos a los hermanos y a sus necesidades». Antes de finalizar ha añadido que «el camino de la santidad no se recorre en soledad, cada uno por su cuenta, sino juntos, en un único cuerpo que es la Iglesia, amada y santificada por el Señor Jesucristo» y ha animado a todos a continuar por este camino.
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lunes, 20 de octubre de 2014

Texto completo de las palabras del Papa al final del Sínodo

 

«Queridos: Eminencias, Beatitudes, Excelencias, hermanos y hermanas:
¡Con un corazón lleno de reconocimiento y de gratitud quiero agradecer junto a ustedes al Señor que nos ha acompañado y nos ha guiado en los días pasados, con la luz del Espíritu Santo!
Agradezco de corazón a S. E. Card. Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo, S. E. Mons. Fabio Fabene, Sub-secretario, y con ellos agradezco al Relator S. E. Card. Peter Erdő y el Secretario Especial S. E. Mons. Bruno Forte, a los tres Presidentes delegados, los escritores, los consultores, los traductores, y todos aquellos que han trabajado con verdadera fidelidad y dedicación total a la Iglesia y sin descanso: ¡gracias de corazón!
Agradezco igualmente a todos ustedes, queridos Padres Sinodales, Delegados fraternos, Auditores, Auditoras y Asesores por su participación activa y fructuosa. Los llevaré en las oraciones, pidiendo al Señor los recompense con la abundancia de sus dones y de su gracia.
Puedo decir serenamente que – con un espíritu de colegialidad y de sinodalidad – hemos vivido verdaderamente una experiencia de sínodo, un recorrido solidario, un camino juntos.
Y siendo «un camino» –como todo camino– hubo momentos de carrera veloz, casi de querer vencer el tiempo y alcanzar rápidamente la meta; otros momentos de fatiga, casi hasta de querer decir basta; otros momentos de entusiasmo y de ardor. Momentos de profunda consolación, escuchando el testimonio de pastores verdaderos (Cf. Jn. 10 y Cann. 375, 386, 387) que llevan en el corazón sabiamente, las alegrías y las lágrimas de sus fieles.
Momentos de gracia y de consuelo, escuchando los testimonios de las familias que han participado del Sínodo y han compartido con nosotros la belleza y la alegría de su vida matrimonial. Un camino donde el más fuerte se ha sentido en el deber de ayudar al menos fuerte, donde el más experto se ha prestado a servir a los otros, también a través del debate. Y porque es un camino de hombres, también hubo momentos de desolación, de tensión y de tentación, de las cuales se podría mencionar alguna posibilidad:
  • La tentación del endurecimiento hostil, esto es, el querer cerrarse dentro de lo escrito (la letra) y no dejarse sorprender por Dios, por el Dios de las sorpresas (el espíritu); dentro de la ley, dentro de la certeza de lo que conocemos y no de lo que debemos todavía aprender y alcanzar. Es la tentación de los celantes, de los escrupulosos, de los apresurados, de los así llamados «tradicionalistas» y también de los intelectualistas.
  • La tentación del «buenismo» destructivo, que a nombre de una misericordia engañosa venda las heridas sin primero curarlas y medicarlas; que trata los síntomas y no las causas y las raíces. Es la tentación de los «buenistas», de los temerosos y también de los así llamados «progresistas y liberalistas».
  • La tentacion de transformar la piedra en pan para romper el largo ayuno, pesado y doloroso (Cf. Lc 4, 1-4) y también de transformar el pan en piedra , y tirarla contra los pecadores, los débiles y los enfermos (Cf. Jn 8,7), de transformarla en «fardos insoportables» (Lc 10,27).
  • La tentación de descender de la cruz, para contentar a la gente, y no permanecer, para cumplir la voluntad del Padre; de ceder al espíritu mundano en vez de purificarlo y inclinarlo al Espíritu de Dios.
  • La Tentación de descuidar el «depositum fidei», considerándose no custodios, sino propietarios y patrones, o por otra parte, la tentación de descuidar la realidad utilizando una lengua minuciosa y un lenguaje pomposo para decir tantas cosas y no decir nada.
Queridos hermanos y hermanas, las tentaciones no nos deben ni asustar ni desconcertar, ni mucho menos desanimar, porque ningún discípulo es más grande de su maestro; por lo tanto si Jesús fue tentado –y además llamado Belcebú (Cf. Mt 12,24)– sus discípulos no deben esperarse un tratamiento mejor.
Personalmente, me hubiera preocupado mucho y entristecido si no hubiera habido estas tenciones y estas discusiones animadas; este movimiento de los espíritus, como lo llamaba San Ignacio (EE, 6) si todos hubieran estado de acuerdo o taciturnos en una falsa y quietista paz.
En cambio, he visto y escuchado – con alegría y reconocimiento – discursos e intervenciones llenos de fe, de celo pastoral y doctrinal, de sabiduría, de franqueza, de coraje y parresía. Y he sentido que ha sido puesto delante de sus ojos el bien de la Iglesia, de las familias y la «suprema lex»: la «salus animarum» (Cf. Can. 1752).
Y esto siempre sin poner jamás en discusión la verdad fundamental del Sacramento del Matrimonio: la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la procreatividad, o sea la apertura a la vida (Cf. Cann. 1055, 1056 y Gaudium et Spes, 48).
Esta es la Iglesia, la viña del Señor, la Madre fértil y la Maestra premurosa, que no tiene miedo de aremangarse las manos para derramar el aceite y el vino sobre las heridas de los hombres (Cf. Lc 10,25-37); que no mira a la humanidad desde un castillo de vidrio para juzgar y clasificar a las personas.
Esta es la Iglesia Una, Santa, Católica y compuesta de pecadores, necesitados de Su misericordia. Esta es la Iglesia, la verdadera esposa de Cristo, que busca ser fiel a su Esposo y a su doctrina. Es la Iglesia que no tiene miedo de comer y beber con las prostitutas y los publicanos (Cf. Lc 15).
La Iglesia que tiene las puertas abiertas para recibir a los necesitados, los arrepentidos y ¡no sólo a los justos o aquellos que creen ser perfectos! La Iglesia que no se avergüenza del hermano caído y no finge de no verlo, al contrario, se siente comprometida y obligada a levantarlo y a animarlo a retomar el camino y lo acompaña hacia el encuentro definitivo con su Esposo, en la Jerusalén celeste.
¡Esta es la Iglesia, nuestra Madre! Y cuando la Iglesia, en la variedad de sus carismas, se expresa en comunión, no puede equivocarse: es la belleza y la fuerza del ‘sensus fidei’, de aquel sentido sobrenatural de la fe, que viene dado por el Espíritu Santo para que, juntos, podamos todos entrar en el corazón del Evangelio y aprender a seguir a Jesús en nuestra vida, y esto no debe ser visto como motivo de confusión y malestar.
Tantos comentadores han imaginado ver una Iglesia en litigio donde una parte está contra la otra, dudando hasta del Espíritu Santo, el verdadero promotor y garante de la unidad y de la armonía en la Iglesia. El Espíritu Santo, que a lo largo de la historia ha conducido siempre la barca, a través de sus Ministros, también cuando el mar era contrario y agitado y los Ministros infieles y pecadores.
Y, como he osado decirles al inicio, era necesario vivir todo esto con tranquilidad y paz interior también, porque el sínodo se desarrolla ‘cum Petro et sub Petro’, y la presencia del Papa es garantía para todos.
Por lo tanto, la tarea del Papa es garantizar la unidad de la Iglesia; recordar a los fieles su deber de seguir fielmente el Evangelio de Cristo; recordar a los pastores que su primer deber es nutrir a la grey que el Señor les ha confiado y salir a buscar –con paternidad y misericordia y sin falsos miedos– a la oveja perdida.
Su tarea es recordar a todos que la autoridad en la Iglesia es servicio (Cf. Mc 9,33-35), como ha explicado con claridad el Papa emérito Benedicto XVI con palabras que cito textualmente: «La Iglesia está llamada y se empeña en ejercitar este tipo de autoridad que es servicio, y la ejercita no a título propio, sino en el nombre de Jesucristo… a través de los Pastores de la Iglesia, de hecho, Cristo apacienta a su grey: es Él quien la guía, la protege y la corrige, porque la ama profundamente».
«Pero el Señor Jesús, Pastor supremo de nuestras almas, ha querido que el Colegio Apostólico, hoy los Obispos, en comunión con el Sucesor de Pedro … participaran en este misión suya de cuidar al pueblo de Dios, de ser educadores de la fe, orientando, animando y sosteniendo a la comunidad cristiana, o como dice el Concilio, ‘cuidando sobre todo que cada uno de los fieles sean guiados en el Espíritu santo a vivir según el Evangelio su propia vocación, a practicar una caridad sincera y operosa y a ejercitar aquella libertad con la que Cristo nos ha librado’ (Presbyterorum Ordinis, 6)»
… «Y a través de nosotros –continua el Papa Benedicto– el Señor llega a las almas, las instruye, las custodia, las guía. San Agustín en su Comentario al Evangelio de San Juan dice: ‘Sea por lo tanto un empeño de amor apacentar la grey del Señor’ (123,5); esta es la suprema norma de conducta de los ministros de Dios, un amor incondicional, como el del buen Pastor, lleno de alegría, abierto a todos, atento a los cercanos y premuroso con los lejanos (Cf. S. Agustín, Discurso 340, 1; Discurso 46,15), delicado con los más débiles, los pequeños, los simples, los pecadores, para manifestar la infinita misericordia de Dios con las confortantes de la esperanza (Cf. Id., Carta 95,1)» (Benedicto XVI Audiencia General, miércoles, 26 de mayo de 2010).
Por lo tanto, la Iglesia es de Cristo – es su esposa – y todos los Obispos del Sucesor de Pedro tienen la tarea y el deber de custodiarla y de servirla, no como patrones sino como servidores. El Papa en este contexto no es el señor supremo, sino más bien el supremo servidor – «Il servus servorum Dei»; el garante de la obediencia , de la conformidad de la Iglesia a la voluntad de Dios, al Evangelio de Cristo y al Tradición de la Iglesia, dejando de lado todo arbitrio personal, siendo también –por voluntad de Cristo mismo– «el Pastor y Doctor supremo de todos los fieles» (Can. 749) y gozando «de la potestad ordinaria que es suprema, plena, inmediata y universal de la iglesia» (Cf. Cann. 331-334).
Queridos hermanos y hermanas, ahora todavía tenemos un año para madurar, con verdadero discernimiento espiritual, las ideas propuestas, y para encontrar soluciones concretas a las tantas dificultades e innumerables desafíos que las familias deben afrontar; para dar respuesta a tantos desánimos que circundan y sofocan a las familias; un año para trabajar sobre la «Relatio Synodi», que es el resumen fiel y claro de todo lo que fue dicho y discutido en este aula y en los círculos menores.
¡El Señor nos acompañe y nos guie en este recorrido para gloria de Su Nombre con la intercesión de la Virgen María y de San José! ¡Y por favor no se olviden de rezar por mí!».

martes, 29 de abril de 2014

EL PAPA FRANCISCO EXPLICA LAS TRES CARACTERÍSTICAS QUE DEBEN TENER NUESTRAS COMUNIDADES CRISTIANAS

EL PAPA FRANCISCO EXPLICA LAS TRES CARACTERÍSTICAS QUE DEBEN TENER NUESTRAS COMUNIDADES CRISTIANAS
Toda comunidad cristiana debería confrontar su propia vida con la que animaba a la primera Iglesia y verificar su propia capacidad de vivir en armonía, de dar testimonio de la Resurrección de Cristo y de asistir a los pobres. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
El Papa se detuvo en las tres características de la primera comunidad cristiana tal como aparece descrita en los Hechos de los Apóstoles: capaz de plena concordia en su interior, de dar testimonio de Cristo hacia fuera, y de impedir que sus miembros padecieran la miseria: las “tres peculiaridades del pueblo renacido desde lo Alto”, del Espíritu, que da vida al primer núcleo de los “nuevos cristianos”:
“‘Tenían un solo corazón y una sola alma’. La paz. Una comunidad en paz. Esto significa que en aquella comunidad no había lugar para los chismes, para las envidias, para las calumnias, para las difamaciones. Paz. Y perdón: ‘El amor lo cubría todo’".
"Para calificar a una comunidad cristiana -continuó el Papa-, debemos preguntarnos cómo es la actitud de los cristianos. ¿Son mansos, humildes? En esa comunidad, ¿hay peleas entre ellos por el poder? ¿Peleas de envidia? ¿Hay chismes?". Si los hay, "no están por el camino de Jesucristo". "Esta característica es muy importante, muy importante, porque el demonio trata de dividirnos siempre. Es el padre de la división”.
No es que faltaran los problemas en aquella primera comunidad. De hecho, el Papa Francisco recordó “las luchas internas, las luchas doctrinales, las luchas de poder” que también aparecieron más adelante. Por ejemplo, dijo, cuando las viudas se lamentaron de no ser asistidas bien por los Apóstoles, por lo que “debieron hacer diáconos”. Sin embargo, aquel “momento fuerte” del inicio fija para siempre la esencia de la comunidad nacida del Espíritu.
En segundo lugar, se trataba de una comunidad de testigos de la fe. Nuestra comunidad de hoy, preguntó el Papa Francisco, “¿Es una comunidad que da testimonio de la resurrección de Jesucristo? Esta parroquia, esta comunidad, esta diócesis, ¿cree verdaderamente que Jesucristo ha resucitado? O dice: ‘Sí, ha resucitado, pero de esta parte’, porque lo cree con el corazón lejos de esta fuerza. Debemos dar testimonio de que Jesús está vivo, está entre nosotros. Y así se puede verificar cómo va una comunidad”.
La tercera característica sobre la cual verificar cómo va la vida de una comunidad cristiana está relacionada con “los pobres”. Y aquí el Papa Francisco distinguió dos puntos: “Primero: ¿Cómo es tu actitud o la actitud de esta comunidad con los pobres? Y segundo: Esta comunidad ¿es pobre? ¿Pobre de corazón, pobre de espíritu? ¿O pone su confianza en las riquezas? ¿En el poder?".
"Armonía, testimonio, pobreza y atender a los pobres. Y esto es lo que Jesús explicaba a Nicodemo: este nacer desde lo Alto. Porque el único que puede hacer esto es el Espíritu. Esta es obra del Espíritu. A la Iglesia la hace el Espíritu. El Espíritu hace la unidad. El Espíritu te impulsa hacia el testimonio. El Espíritu te hace pobre, porque Él es la riqueza y hace que tú te ocupes de los pobres”.
“Que el Espíritu Santo – concluyó Francisco – nos ayude a caminar por este camino de renacidos por la fuerza del Bautismo”.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Lo que el Papa Francisco espera de los catequistas



Lo que el Papa Francisco espera de los catequistas: 
- identidad
- volver a partir de Cristo
- amor
-  fidelidad 
- alerta
( por Jesús de las Heras Muela, director del semanario ECCLESIA y de ECCLESIA DIGITAL)

A luz de sus dos espléndidas intervenciones, he aquí las claves, de lo que el Papa Francisco espera de los catequistas, una aportación todavía más precisa y preciosa al comenzar también un nuevo curso catequético.

1.- La identidad

El primado, lo primero es ser catequistas, no solo trabajar como catequistas. Ser catequista es una vocación y un servicio. Ser catequista significa dar testimonio de la fe; ser coherente con la propia vida.

Catequista es que custodia y alimenta la memoria de Dios; la custodia en sí mismo y sabe despertarla en los demás. El catequista es precisamente un cristiano que pone esta memoria al servicio del anuncio; no para exhibirse, no para hablar de sí mismo, sino para hablar de Dios, de su amor y su fidelidad. Hablar y transmitir todo aquello que Dios ha revelado.

El catequista, pues, es un cristiano que lleva consigo la memoria de Dios, se deja guiar por la memoria de Dios en toda su vida, y la sabe despertar en el corazón de los otros. Esto requiere esfuerzo. Compromete toda la vida.

El catequista es un hombre de la memoria de Dios si tiene una relación constante y vital con él y con el prójimo; si es hombre de fe, que se fía verdaderamente de Dios y pone en él su seguridad; si es hombre de caridad, de amor, que ve a todos como hermanos; si es hombre de paciencia y perseverancia, que sabe hacer frente a las dificultades, las pruebas y los fracasos, con serenidad y esperanza en el Señor; si es hombre amable, capaz de comprensión y misericordia.

2.- Volver a partir desde Cristo en un doble movimiento: ser discípulo y después misionero

Esto significa, en primer lugar, tener familiaridad con Él. ¡Permanecer en Jesús! Solo así el catequista dará fruto. ¡Dejarse mirar por el Señor! Después, volver a partir de Cristo significa también imitarlo en el salir de sí mismo e ir al encuentro del otro. El corazón del catequista vive siempre este movimiento de “sístole – diástole”: unión con Jesús-encuentro con el otro. Son las dos cosas: yo me uno a Jesús y salgo al encuentro con los demás. Si falta uno de estos dos movimientos el corazón no late más, no puede vivir.

Asimismo, volver a partir de Cristo significa no tener miedo de ir con Él a las periferias. Si un cristiano sale por las calles en las periferias, puede tener, sí, un accidente… Tantas veces hemos visto accidentes… Pero –dice el Papa- “¡prefiero mil veces una iglesia accidentada y no una iglesia enferma! ¡Una iglesia, un catequista que tenga el valor de arriesgar para salir y no un catequista que sabe todo, pero cerrado siempre y enfermo!”.

3.- Amor, fidelidad, alerta

“Ser” catequistas requiere amor, amor a Cristo cada vez más fuerte, amor a su pueblo santo. El catequista debe amor a Jesucristo y a su Iglesia. Debe amar, pues, a sus catequizandos.

El catequista ha de vivir y mostrar la doctrina cristiana en su totalidad. Sin quitar ni agregar.

Y por ello el catequista ha de evitar y alertar del riesgo de apoltronarse, de la comodidad, de la mundanidad en la vida y en el corazón, de concentrarnos en nuestro bienestar, en su propio yo y en nuestro propio grupo

miércoles, 29 de mayo de 2013

LA IGLESIA COMO FAMILIA DE DIOS (Por el Papa Francisco)

VATICANO, 29 May. 13 / 09:36 am (ACI).- El Papa Francisco inició hoy una serie de reflexiones sobre la Iglesia, a la luz del Concilio Vaticano II, y explicó esta mañana en medio de la lluvia, que la Iglesia es la familia de Dios.
A continuación el texto completo de su catequesis
Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
El miércoles pasado señalé el profundo vínculo entre el Espíritu Santo y la Iglesia. Hoy quisiera empezar una serie de catequesis sobre el misterio de la Iglesia,

jueves, 9 de mayo de 2013

Centralidad de Cristo, autoridad como servicio, unidad con la Iglesia

Centralidad de Cristo, autoridad como servicio, unidad con la Iglesia


El Papa a las religiosas: La consagrada es madre y no «solterona»

¡Queridas hermanas!

Estoy muy contento de encontraros hoy y deseo saludar a cada una de vosotras, agradeciéndoos por lo que hacéis para que la vida consagrada sea siempre una luz en el camino de la Iglesia. Queridas hermanas, antes que nada agradezco al querido hermano cardenal João Braz de Aviz, por las palabras que me ha dirigido y también me complace la presencia del Secretario de las Congregaciones. El tema de vuestro congreso me parece particularmente importante para el deber que se os ha confiado: «El servicio de la autoridad según el Evangelio». A la luz de esta expresión quisiera proponeros tres sencillos pensamientos, que dejo a vuestra profundización personal y comunitaria.

domingo, 7 de abril de 2013

Homilía del Papa Francisco en San Juan de Letrán

Homilía del Papa Francisco en San Juan de Letrán

Queridos hermanos y hermanas:

Con gran alegría celebro por primera vez la Eucaristía en esta Basílica Lateranense, catedral del Obispo de Roma. Saludo con sumo afecto al Cardenal Vicario, a los Obispos auxiliares, al Presbiterio diocesano, a los Diáconos, a las Religiosas y Religiosos y a todos los fieles laicos. Caminemos juntos a la luz del Señor Resucitado.

viernes, 15 de marzo de 2013

Cristo es el único Salvador

“No cedamos nunca al pesimismo, a la amargura que el diablo nos propone cada día -ha exclamado- no cedamos al desaliento. Tenemos la firme certeza que el Espíritu Santo da a la Iglesia, con su hálito potente, el valor de perseverar y también de buscar nuevos métodos de evangelización, para llevar el Evangelio hasta los extremos confines de la tierra. La verdad cristiana es atrayente y persuasiva porque responde al deseo profundo de la existencia humana anunciando de forma convincente que Cristo es el único Salvador de toda la persona y de todos los seres humanos. Este anuncio es tan válido hoy como lo fue al principio del cristianismo cuando tuvo lugar la gran expansión misionera del Evangelio” Papa Francisco.

jueves, 14 de marzo de 2013

Texto completo de la primera homilía del Papa Francisco


Texto completo de la primera homilía del Papa Francisco


(Santa Misa por la Iglesia con los cardenales en la Capilla Sixtina)

En estas tres Lecturas veo algo en común: el movimiento. En la Primera Lectura el movimiento es el camino; en la segunda Lectura, el movimiento está en la edificación de la Iglesia; en la tercera, en el Evangelio, el movimiento está en la confesión. Caminar, edificar, confesar.


¿QUIERES FORMAR UN GRUPO DE MATRIMONIOS EN TU PARROQUIA

VENI CREATOR

FIRMES EN LA FE (Himno oficial JMJ Madrid 2011)

UN SEGLAR DESCUBRE LA ORACIÓN (Abelardo de Armas Añón)

Abelardo de Armas. Un seglar descubre la oración from Cruzados de Santa María on Vimeo.

Fuente: http://abelardodearmas.blogspot.com/