lunes, 27 de abril de 2026

LAUDES 2 MAYO 2026

 

LAUDES 2 mayo 2026

V. Señor, ábreme los labios.

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. 

Ant. Venid, adoremos a Cristo, Pastor supremo. 

Salmo 94

Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande, soberano de todos los dioses: tiene en su mano las simas de la tierra, son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo, la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz: "No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto: cuando vuestros padres me pusieron a prueba, y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras."

Durante cuarenta años aquella generación me repugnó, y dije: "Es un pueblo de corazón extraviado, que no reconoce mi camino; por eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso."

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. 

Ant. Venid, adoremos a Cristo, Pastor supremo. 

HIMNO

Cristo, Cabeza, Rey de los pastores, el pueblo entero, madrugando a fiesta, canta a la gloria de tu sacerdote himnos sagrados.


Con abundancia de sagrado crisma, la unción profunda de tu Santo Espíritu lo armó guerrero y lo nombró en la Iglesia jefe del pueblo.
 
Él fue pastor y forma del rebaño, luz para el ciego, báculo del pobre, padre común, presencia providente, todo de todos.

Tú que coronas sus merecimientos, danos la gracia de imitar su vida y al fin, sumisos a su magisterio, danos su gloria. Amén.

Ant. 1. ¡Qué magníficas son tus obras, Señor! Aleluya.

Salmo 91

Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh Altísimo, proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad, con arpas de diez cuerdas y laúdes, sobre arpegios de cítaras.
 
Tus acciones, Señor, son mi alegría, y mi júbilo, las obras de tus manos. ¡Qué magníficas son tus obras, ¡Señor, qué profundos tus designios! El ignorante no los entiende ni el necio se da cuenta.
 
Aunque germinen como hierba los malvados y florezcan los malhechores, serán destruidos para siempre. Tú, en cambio, Señor, eres excelso por los siglos.

Porque tus enemigos, Señor, perecerán, los malhechores serán dispersados; pero a mí me das la fuerza de un búfalo y me unges con aceite nuevo. Mis ojos despreciarán a mis enemigos, mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano: plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios;
 
en la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso, para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Qué magníficas son tus obras, Señor! Aleluya.

Ant. 2. Derramaré sobre vosotros un agua pura. Aleluya.

Cántico  Ez 36, 24-28

Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra.
 
Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Derramaré sobre vosotros un agua pura. Aleluya.

Ant. 3. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios. Aleluya.

Salmo 8

Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos. De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza contra tus enemigos, para reprimir al adversario y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies:
 
rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.
 
Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios. Aleluya.

LECTURA BREVE Hb 13, 7-9a

Acordaos de aquellos superiores vuestros que os expusieron la palabra de Dios: reflexionando sobre el desenlace de su vida, ¡mitad su fe. Jesucristo es el mismo hoy que ayer, y para siempre. No os dejéis extraviar por doctrinas llamativas y extrañas.

RESPONSORIO BREVE

V. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas. Aleluya, aleluya.

R. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas. Aleluya, aleluya.

V. Ni de día ni de noche dejarán de anunciar el nombre del Señor.

R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas. Aleluya, aleluya.

 

 

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. No sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre quien habla por vosotros. Aleluya.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo,
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
 
Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre quien habla por vosotros. Aleluya.

PRECES

Demos gracias a Cristo, el buen pastor que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle diciendo: Apacienta a tu pueblo, Señor.
 
Señor Jesucristo, tú que en los santos pastores has revelado tu misericordia y tu amor,
— haz que, por ellos, continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.

Señor Jesucristo, tú que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu pueblo,
— no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.

Señor Jesucristo, tú que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas,
— haz que nunca falten en tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.
 
Señor Jesucristo, tú que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos,
— haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Oremos confiadamente al Padre, como Cristo nos enseñó: 

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, que hiciste de tu obispo san Atanasio un preclaro defensor de la divinidad de tu Hijo, concédenos, en tu bondad, que, fortalecidos con su doctrina y protección, te conozcamos y te amemos cada vez más plenamente. Por nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

MES DE MAYO - FLORES A MARÍA

 FLORES A MARÍA



LECTOR.- Purísima e Inmaculada Virgen María, presentes ante tu trono tus hijos. Ante tu altar, derramando con amor las flores de nuestros obsequios, queremos contemplarte muy de cerca todos los días de este mes bendito, para que la fragancia de tus virtudes perfume nuestras, vidas, para que el calor de tu mirada maternal nos aliente en nuestras luchasnos consuele en nuestras penas, nos fortalezca de nuestros desfallecimientos.

TODOS.- De nuevo nos consagramos a ti. Tuyos somos, tuyos queremos ser. Tuyos nuestros alientos de conquista Tuyos nuestros ímpetus de combate. Tuyos nuestros ardientes deseos de pureza inmaculada. Tuyos nuestros ardorosos anhelos de ferviente apostolado.

L.- Nuestro más santo orgullo, Virgen María.

T.- Tenerte a Ti por Madre.

L.- Nuestra más honda alegría.

T.- Cantar siempre tus glorias.

L.- Nuestro más ardoroso anhelo.

T.- Prender almas de joven en tu manto azul reluciente de estrellas.

L.- Al brillar el sol de oriente.

T.- Abre su cáliz la flor.

L.- Y ábrese el alma que siente.

T.- Las miradas de tu amor.

L.- Cantemos, Madre, tus glorias, guiados por la Iglesia Santa en este mes de ensueño.

T.- Toda hermosa eres María.

L.- Y no hay en Ti mancha de pecado.

T.- Tú, gloria de Jerusalén.

L.- Tú, alegría de Israel.

T.- Tú, honor de nuestro pueblo.

L.- Tú, abogada de los pecadores.

T.- ¡Oh, María! Virgen prudentísima, Madre clementísima.

L.- Intercede por nosotros al Padre, cuyo Hijo nos diste.

T.– Para que las flechas de nuestras vidas apunten siempre al cielo en que Tú habitas.

L. Madre Purísima, azucenas de pureza sean nuestras vidas para Ti, blancas como el ampo de la nieve inmaculada, incontaminadas como el ara de nuestros altares. Dios te salve María…

T.- Santa María…

L.- Reina y Madre de los apóstoles, siembra en nuestros corazones semillas de cielo, que rompan alegremente en rosas de apostolado de conquista, a la mayor gloria de Dios.

Dios te salve…

L- Santa Madre de Cristo joven. Que nuestras vidas unidas a la de Jesús en Nazaret, ofrecidas con alegría por la conquista de nuestros hermanos atraigan las bendiciones del Cielo.

Dios te salve…

L.- Reina y Madre nuestra, que el Espíritu Santo, con la plenitud de sus dones, descienda sobre nuestros corazones en el mes más bello del año, en el Pentecostés solemne que abrase nuestras almas en fuego de conquista, y concédenos santidad personal para que rindamos ante tu trono las almas de todos nuestros compañeros.

Dios te salve…

L.- En este mes de las Flores, alas te pido, Madre.

T.- Alas para volar.

L.- Alto, muy alto.

T.- Sin descansar.

L.- No me dejes plegar.

T.- Las alas que Tú me diste.

L.- Hasta que llegue a esa tu Luz.

T.- Donde las sombras terminan.

L.- Donde estás Tú.

T.- Alas te pido Madre.

L.- Alas cargadas de almas.

T.- Que vuelen también a Ti.

L. Almas, Madre, de mirada clara y profunda, que fija la vista en la altura, puedan cantar con nosotros.

T.– No he nacido para el suelo, que es morada de dolor; yo he nacido para el cielo, yo he nacido para Dios.

L.– Almas que serán perlas para engastar en tu corona de Madre, de Virgen, de Reina.

T.- De Madre la más tierna, de Virgen la más pura, de Reina la más misericordiosa.

L.- Almas que unidas con nosotros en eternidad de eternidades te contemplen para siempre a la mayor gloria de Dios.

T.- Amén.

viernes, 3 de abril de 2026

Segunda palabra: “EN VERDAD TE DIGO: HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO“

 

Segunda palabra:

EN VERDAD TE DIGO: HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO

 


En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso.

Qué alivio, qué alegría, qué consuelo debió sentir el buen ladrón cuando escuchó estas palabras de Jesús.

El buen ladrón entendió que Cristo reina desde el Amor, la Verdad y la Vida. Confesó lo que no veían sus ojos. Hizo su contrición perfecta y fue la llave que abrió el Tesoro de la Misericordia del Corazón de Cristo.

Reconoce su culpa y suplica humildemente al Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.

Yo también quiero confesar a Cristo como el Rey de mi vida, su soberanía sobre mi inteligencia, voluntad, corazón, sentimientos, …

Yo también quiero, Señor, sentir tu perdón, tu misericordia ante mis pecados, mis infidelidades y tener la certeza de que, con mi contrición, Tú me perdonas todas mis debilidades y me quieres llevar al Paraíso, a la Gloria de Dios, a su presencia por toda la Eternidad.

Pero ese Paraíso, un poquito de él, también podemos gozarlo aquí en la tierra cuando tenemos los mismos sentimientos tuyos, cuando hacemos la voluntad del Padre, cuando estamos íntimamente unidos a Él.

Ojalá podamos comunicar esta buena noticia a todos los hombres, para salvarnos.

miércoles, 1 de abril de 2026

Primera palabra: PADRE, PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN

 Primera palabra:

PADRE, PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN



Estamos contemplando y acompañando a Cristo en su pasión, vamos a escuchar las siete palabras que nos dirige directamente a cada uno de nosotros hoy. Abramos nuestro corazón porque son 7 palabras de redención.

Contemplemos la escena, pero no como meros espectadores, sino como discípulos que participan en ese hecho histórico. Cristo clavado en la cruz entre dos ladrones en un ambiente de desprecio, insultos y de burla: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido». Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». 

Desde algún rincón de la escena estamos cada uno de nosotros y Cristo desde la cruz nos busca, nos encuentra y nos mira, tal vez buscando una palabra o una mirada de consuelo. Conoce también cómo es nuestra vida de pecado. Contemplando Él los pecados presentes y futuros de todos y cada uno de los hombres, pronuncia su primera palabra: «Padre, Perdónalos, porque no saben lo que hacen».

¿Cuándo las dice el Señor? En un momento específico, durante la crucifixión, cuando siente que los clavos le perforan las muñecas y los pies. Intentemos imaginar el dolor lacerante que eso provocaba. Allí, en el dolor físico más agudo de la pasión, Cristo pide perdón por quienes lo están traspasando. En esos momentos, uno sólo quisiera gritar toda su rabia y sufrimiento; en cambio, Jesús dice: Padre, perdónalos.

Pensemos que Dios hace lo mismo con nosotros. Cuando le causamos dolor con nuestras acciones, Él sufre y tiene un solo deseo: poder perdonarnos.

Cristo se olvida de sí mismo y se preocupa por los que le están ofendiendo, por los que necesitan ayuda para salir de su vida equivocada de pecado, por los que necesita la salvación de su alma. Nos enseña que la vida cristiana también es olvido de uno mismo para ocuparnos en la salvación de las almas.

Cristo muestra compasión y ternura. Contemplemos a Jesús en la cruz y veamos que nunca hemos recibido una mirada más tierna y compasiva. Contemplemos al Crucificado y digamos: “Gracias, Jesús, me amas y me perdonas siempre, aun cuando a mí me cuesta amarme y perdonarme”

Cristo disculpa ante el Padre porque no saben lo que hacen. Han pasado 20 siglos y Cristo nos sigue disculpando, deseando que cambiemos de vida, que dejemos nuestra vida de pecado, pero seguimos crucificándole. Cristo sigue hoy perdonando y pidiendo el perdón para nosotros, porque su perdón desde la Cruz es redentor.